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Yo sé que no soy culpable

Yo sé que ahora soy feliz

Yo sé que quería que alguien,

Alguien en el mundo piense en mí.

Yo sé que soy imbancable

Yo sé que te hice reír

Yo sé, soy insoportable, pero..

Alguien en el mundo piensa en mí.

(…)

Yo sé que soy imbancable

Yo sé que ahora soy feliz

Yo sé que soy un amable traidor, pero…

Alguien en el mundo piensa en mí.

-

Alguien en el Mundo Piensa en mi – Charly Garcia


* Y ya se fueron todos, pero seguís estando vos…

Ayer comencé mi (último) primer cuatrimestre de la carrera, ya que tengo todo este año para cursar las 5 materias que me quedan.

Ayer me sentí muy orgullosa de mi facultad. Mejor dicho, de los profesores que habitan en ella.

Llegué al aula 8, a mi clase de Comercialización. Todavía me siento como un sapo de otro pozo, dado que entré a la carrera de Ciencias de la Comunicación convensidísima de que iba a seguir la orientación en periodismo y a mitad del año pasado, después de muchas idas y venidas mentales, la cambié por la orientación de publicidad. Volviendo al tema, el asunto es que me habían recomendado a Pablo Costa. El único dato que tenía de él era que valía la pena cursar en sus comisiones.

A las 5 en punto (ya algo anormal en la UBA) ingreso Pablo Costa al aula. Nadie se imaginó que era nuestro profesor, sencillamente porque no vimos al profesor sino a una persona con una discapacidad físicia. Pero ahi estaba Pablo, dando lo mejor de él, poniendo esfuerzo y esmerándose más que todos los alumnos que estabamos en su clase.

Nos explicó que tiene una discapacidad motriz y que, entonces, le resulta un poco difìcil comunicarse, por la razón de que los otros no lo entienden a veces.

En cuanto empezó a hablar, a hacer chistes, a integrarnos como grupo, a ejemplificar el Marketing con sus anécdotas personales, todo resulto mucho más que entendible.

Mientras tomaba apuntes (y me reía de sus chistes cada 5 minutos más o menos), pensaba que esta es otra de las tantas cosas que me llevo de la Universidad de Buenos Aires, esa casa de estudios tan vapuleada y despreciada por muchos. La UBA, en general, se está cayendo a pedazos física e interiormente. Sin embargo, personas como Pablo Costa todavía la mantienen en pie. Y pensando en profesores como él, recuerdo a Sergio Armand, mi profesor de Taller 2, que estuvo a punto de llamar a la policía durante el rodaje del corto audiovisual porque cuando lo llamamos para contarle un “problemita” que habíamos tenido, pensó que nos habían secuestrado; a Beatriz Busaniche, de Introducción a la Informática, la Telemáticas y el Procesamiento de Datos, que nos enseñó que podíamos hacer lo que quisieramos a través de un blog; a Graciela Varela, de Semiótica 1, que a pesar de su (mala) fama me ayudó a promocionar la materia, exprimiendo todas las instancias posibles; a Alicia Entel, de Comunicación 1, que nos recibía en sus teóricos como si estuviéramos todavía en la primaria, con un “Bienvenidos” en colores escrito en el pizarrón del aula 201; a Mariana Baranchuk, de Políticas y Planificación en la Comunicación, que llegaba puntual y no paraba de hablar hasta irse (puntual otra vez), pero que gracias a su exigencia llegué muy bien para dar el final; a mi profesor de Economía, Diego Rozengardt, que nos contaba de su lucha por su hermano fallecido de Cromagnon; y tantos otros profesores y ayudantes que dedican tiempo de clase y tiempo personal para atender las inquietudes de sus alumnos. Mientras pienso en esto, más convencida estoy de que los reclamos docentes no deberían encontrarse con ningún “pero” porque hacen muchísimo más que un funcionario sentado en su escritorio un par de horas, para sólo hacer acto de presencia.

En las últimas 5 materias que me quedan de esta carrera espero seguir encontrándome con gente así.

Mentiras

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Me gusta jugar a ser detective. Perseguirte y descubrir tus secretos, tus fobias, tus manías, tus mentiras. Tus mentiras. Eso no me gusta. Preferiría que me dijeras la verdad, pero no lo hacés.

Entonces no tengo opción. Averiguo lo que ocultás, tus claves secretas, tus códigos añejos. Te descifro y te encuentro. Lo que encuentro generalmente no me gusta, porque si lo confronto con lo que me decís a mí, lo único que descubro son mentiras en mi vida.

Ya no quiero más secretos, más misterios, más engaños. Quiero transparencia y realidad. Voy a seguir jugando a ser detective aunque me esté carcomiendo por dentro. Quiero saber quién sos, para qué bando jugás, qué es lo que ganás con tu elección. Qué es lo que pretendés, qué es lo que pensás, qué es lo que no me decís. Qué es lo que siempre me ocultaste y por qué lo hiciste.

Hasta que mi mente y mi corazón digan basta, voy a seguir estudiandote desde las tinieblas. Voy a ser tu sombra y voy a seguir tu vida de cerca (aunque creas que estoy muy lejos).

10 cosas que odio de tí

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1. Odio saber de vos cuando supuestamente hace años que te perdí el rastro.

2. Odio que te cruces en mi vida y que para mí signifique un impacto.

3. Odio que aparezcas de la nada en mis pensamientos.

4. Odio encontrarte en el medio de mis recuerdos.

5. Odio la sensación de saber que no iba a funcionar. Y estar en lo cierto.

6. Odio no entender qué pasó el medio.

7. Odio sentir el vértigo del retroceso del tiempo.

8. Odio encontrar tu cara en mis sueños.

9. Odio pensar que ya no te tengo.

10. Y odio ver que los años pasaron lo suficiente como para que todo esto ya  no tenga remedio.

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Estaba lo más bien hasta que el destino decidió que aparecieras otra vez…

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I hate the way you talk to me
And the way you cut your hair.
I hate the way you drive my car.
I hate it when you stare.
I hate your big dumb combat boots and the way you read my mind.
I hate you so much it makes me sick It even makes me rhyme.
I hate the way you’re always right.
I hate it when you lie.
I hate it when you make me laugh even worse when you make me cry.
I hate it that you’re not around
And the fact that you didn’t call.
But mostly I hate the way I don’t hate you not even close, not even a little bit, not any at all…

(10 Things I Hate About You)

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La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado…

Gabriel García Marquez

Una despedida

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Voy a cerrar este círculo aunque no esté segura de las consecuencias que va a traer y aunque no sepa si voy a poder lograrlo. Me retracto: voy a hacer todo lo posible por cerrar este círculo.

Te voy a sacar de mi vida y te voy a dejar ir. Voy a distanciarme para que no puedas llegar hasta mí. Voy a desaparecer de tu vista y de tus oídos. No vas a saber nada de mi vida. Me voy a convertir en un fantasma, en un recuerdo, en algo que pasó.

Pensé que ibamos a ser pura eternidad, como el ave fénix. Pensé que esta vez ibamos a poder renacer. Pero vos decidiste primero. Rompiste mi confianza y te perdoné. Pero lo hiciste otra vez. Y ahora no hay perdón posible porque siempre me va a quedar el sabor amargo de la duda. Nunca voy a saber si me estás diciendo la verdad o la mentira, si me ocultás el mundo o si sos tan transparente como solías ser.

Me gustaría quedarme para ayudarte y hacerte compañía, pero no.  ¿Qué caso tiene? Si no confío en vos. De sólo pensarte ya no se quién sos. Te convertiste en alguien extraño a mi vida. Ya no se cuándo estuviste de verdad o si es que el fantasma fuiste vos antes de mi decisión de volverme un recuerdo.

Se que voy a extrañar las películas de los domingos a la tarde, las cenas en el McDonald’s, las charlas por e-mail que cubrían el tiempo inexistente para vernos, tus dilemas con la facultad que hacían pequeños los míos, tu familia (toda), los planes a último momento, el punto de encuentro de siempre, tu palabra justa en el momento exacto, tu manía de perder las cosas y esa otra de no devolver lo prestado (porque también lo perdías), tu desorden exterior, tus presentimientos, reconocer al instante tu voz detrás del tubo del teléfono…

Ya no tengo más ganas de esto. Me decepcionaste. Me mentiste aunque no lo vayas a admitir jamás. Elegiste y quedé fuera de tu elección. Así que después de pensarlo durante semanas, decidí que voy a tratar de cerrar el círculo.

Perdón pero por ahora prefiero no estar.

“No podemos estar en el presente añorando el pasado”.

Charlas vía e-mail

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Ayer charlando con una amiga por e-mail, me acordé de esta canción…

“You have so many relationships in this life
Only one or two will last
You’re going through all this pain and strife
Then you turn your back and they’re gone so fast
And they’re gone so fast
So hold on the ones who really care
In the end they’ll be the only ones there

En subi-baja

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Mientras caminaba por la atiborrada calle Florida bajo el sol del mediodía, Carolina recordó sus tardes en el tobogán. Era el juego que más le gustaba de toda la plaza: un poco individualista, pero a la vez, con conciencia de respeto (por el turno de cada uno para subirse). Con el tiempo, ya no pudo usarlo más porque su cuerpo no era tan livianito ni pequeño como antes. Entonces optó por la hamaca, pero había en ella algo que no le gustaba: el vertigo y la velocidad. Odiaba que la hamacaran, el envión, la sensación de vacío al bajar. Sin duda terminó quedandose con el subi-baja.

Había que compartir sí o sí para poder usarlo. Había que sincronizarse con el otro, volverse el opuesto complementario, aprender a leer los pensamientos. No iba tan arriba pero sí lo suficiente. La sensación de despegar los pies para volverlos a la seguridad de la tierra era correctamente medida. Subir y bajar para volver a subir y a bajar. Toda una metáfora de vida.

Entonces Carolina pensó en ella. Pensó que Rodrigo en su vida había sido como el tobogán. Ella nunca dejó de ser ella en su mundo propio y privado, nunca compartieron más que unas pocas salidas juntos, ni amigos en común, ni intereses afines. Se respetaban sus límites. Y esta vez más que nunca, el límite de uno era el del otro. Como dos campos antagónicos que se atraían por puro magnetismo y nada más. Así las cosas, ninguno dejaría espacio al otro. Nunca jamás. Primero uno, después el otro. Cada uno iba viviendo las mismas situaciones a su manera, disfrutándolas a solas, en su más pura individualidad. Carolina sabía desde un principio muy remoto que nunca iban a poder estar juntos porque, simplemente, no se soportaban.

Con el tiempo ninguno de los dos cupo más en el tobogán y tuvieron que evolucionar. Básicamente crecieron (un poco nomás). Pero no pudieron superar su individualidad. Con la hamaca se complementaron “hasta ahí”, pero a Carolina no le gustaba. Sabía que el momento en que se cayera de la ilusión iba a dolerle el alma y sabía también que podía suceder de un momento al otro. El envión que le daba Rodrigo era demasiado violento para ella, algo así como una obligación. Ninguno podía ponerse en el lugar del otro, parecía que no se podían separar del rol que ejercían.

Y un día Carolina decidió no subir más. Le dijo a Rodrigo que no aguantaba estar en el aire para caer y golpear sus pies contra el piso bruscamente y volver a subir de la misma manera. Que eso no le servía. Que eso le hacía mal, que le hacía doler y que le estaba partiendo el alma de a poquito.

Carolina prefirió quedarse en el suelo por un tiempo. Entonces empezó a caminar. Se alejó de esa plaza y caminó y caminó y caminó. Y mientras caminaba, llovió, granizó, nevó, hubo mucho viento, hizo frío, hasta que un día un arcoiris acompañó la salida del sol.

Con el sol, pudo ver que frente suyo había una nueva plaza. Ya no entraba en el tobogán y sabía que odiaba hamarse. Optó por el subi-baja. Manuel estaba esperándola. Probaron sincronizarse y al principio costó, pero no fue nada que no se pudiera charlar. Vieron la manera de ordenarse, de repartirse las tareas para que el subi-baja funcionara a la perfección. Carolina y Manuel eran completamente distintos, opuestos, opuestos complementarios. Y eso les sirvió.

El subi-baja funcionó y desde ese día Carolina se quedó ahi: en su estabilidad inestable pero casi previsible; en su juego sincronizado; en el trabajo arduo de dos, pero equitativo a la vez; en la seguridad que le confortaba el alma, sabiendo que ya no pendía todo de una ilusión.

Serás lo que debas ser…*

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Carolina pensó que era un buen momento para la introspección. Cambios en su vida se aproximaban a pasos agigantados y, aunque no pudiera verlos, sabía que llegarían de un momento a otro.

Quería alejarse. Si pudiera hubiera ido a Retiro a comprarse un boleto del primer micro que saliera con rumbo a cualquier lugar de la Patagonia. Pero Carolina tenía cosas que hacer, compromisos ya asumidos que no podía dejar de lado. A veces las obligaciones pesan mucho más que los deseos. Sin embargo, el tiempo le había enseñado que había muchas formas de desaparecer. Y ella lo que necesitaba en ese momento era eso: desaparecer.

Primero lo pensó. Después lo meditó. En meses, quizás en años, nunca había hablado tan seguido consigo misma. Hacía un par de meses, estando muy lejos de todo y de todos, había aprendido a ser independiente y que los problemas se podían resolver sin la ayuda de nadie más. Ahora tenía que ponerlo en práctica. Sabía que de ese viaje había vuelto siendo otra.

Carolina había decidido desaparecer y eso es lo que va a poner en práctica a partir de este mismísimo momento.

Para algunos, será un recuerdo, una voz, una imagen borrosa que a medida que pase el tiempo, va a hacerse cada vez más indistinguible. Sabe que al principio va a doler, que va a hacerse difícil decir “no” o simplemente huir a las preguntas. Será un fantasma que a veces decidirá aparecer, pero cada vez menos… y menos… y menos… hasta convertirse en esa imagen borrosa. Sabe también que el destino es caprichoso y que corre el riesgo de que algún día la vean o la cruzen por la calle (como ya le sucedió) y que esa imagen borrosa se actualice en un instante. Pero no le molesta. Volverá a desaparecer. No es tan difícil. Otros lo han hecho antes que ella y la vida sigue.

Carolina sabe que los rumbos son inciertos pero que, siempre al final, hay cosas buenas. A veces es mejor romper para poder seguir adelante. Romper con una, dos, tres, diez o mil personas. Alejarse de la escena y ser un simple espectador. O no serlo. O no ser nada. O ser quién debe ser. Tomarse un tiempo y pensar qué cosas le hacen bien y cuáles no, qué cosas están bien ubicadas en su vida y cuáles sobran. Carolina ya había empezado con ese proceso y se había llevado unas cuantas sorpresas en el camino. De nuevo: a veces es mejor romper para poder seguir adelante.


“Los comienzos son difíciles y los finales casi siempre tristes Pero lo mejor está en el medio y hay que tenerlo en cuenta en los comienzos”.

*Post en honor a San Martín.

Cumpleaños…

Mañana es mi cumpleaños… No me gusta cumplir años.

En un principio me encantaban los preparativos, la ansiedad, la espera de los invitados, la fiesta, la torta, etc., etc., hasta que de pronto dejó de gustarme. Me encantaría saber por qué, pero en el lapso de dos años todo eso me empezó a agobiar.

Mañana es mi cumpleaños y desde enero que ya entré en la vorágine donde todo el mundo (léase “todo el mundo” como “al menos 10 personas”) me preguntá si voy a hacer algo, si lo voy a festejar, dónde, cuándo, con quién, y esas cosas que en enero no sé, y que un 23 de febrero menos. Suelo pensar las cosas un rato antes porque el destino es tan maravilloso, que si quizás planeo algo después no sale. Entonces, ¿para qué planear?

Mañana es mi cumpleaños y me gustaría desaparecer. Asi como cuando quería desaparecer de las clases de Renata (para aquellos que no lo recuerdan, Renata era mi profesora del Taller de Periodismo, que se olvidaba de las tareas que nos mandaba a hacer).

No digo que no quiera estar con nadie. Me gusta estar rodeada de la gente que me quiere: con mi familia, mis amigos, mis compañeros de trabajo, mi perro… Pero me da mucha verguenza recibir regalos, contestar a la pregunta “¿qué vas a hacer?” con un “no sé” (que es la verdad),  y la ansiedad que hay a mi alrededor mientras abro los regalos para ver qué cara pongo o qué digo, me pone mal. Es más una cuestión de timidez que otra cosa, lo admito.

Pero si hay algo que me angustia en serio es cuando me dicen “¡fuimos a comprarte tu regalo!”. Chan. Ahi es cuando quiero que la tierra me trague. Prefiero las sorpresas, la ansiedad anticipada me da más temor todavía. Aunque peor es lo que me pasó hace un par de horas, cuando me cruzé con mi jefe y una compañera de trabajo rumbo a comprar mi “presente”. La cara de “nos pescaste” los vendió y yo no supe qué decir más que reirme y pensar “que mañana pase pronto por favor”. Y de sólo pensar que voy a tener que entrar al comedor cual cumpleaños de 15 (cosa que ya hablé el año pasado con mi jefe y obviamente no me escuchó) ¡¡¡me da PAVOR!!!

Soy complicada lo sé, y mañana es mi cumpleaños y quiero que, como un final, pase rápido y sin demasiados sobresaltos. Lo disfrutaré el viernes o el sábado, o cuando sea digno de festejarlo (Entiendase, “en un día que no sea realmente mi cumpleaños”).

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