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Eran las 7 de la mañana de un día de febrero. Habíamos ido a caminar, para tratar de “ejercitarnos”. Y te vimos. Estabas con tu hermana y dos chicos más. Pensamos que estaban todos juntos, pero después los dos chicos se fueron y los dejaron solos.

Ninguno de los dos sabía caminar, no tenían dientes y estaban llenos de hongos. No sabíamos qué hacer. Te alcé y te largaste a llorar. Mi hermana alzó a tu hermanita. ¡Son tan distintos! Vos con pelo marrón y corto. Ella con mucho pelo negro. Lo único que tienen en común es que son los dos petisitos.

Los llevamos a upa a nuestra casa, donde nos esperaba Scooby, que era blanco. Me acuerdo que los tuve que obligar a tomar agua porque no querían hacer nada. Después los encerré en el lavadero. Mi papá no dijo ni una sola palabra… Pero con eso dijo todo. Cuando volví al lavadero no estaban donde los había dejado. Los busqué. Y los encontré uno encima del otro durmiendo en el rincón que hay entre el lavarropas y la pared. Los agarré de la cola y los saqué al patio.

 Mientras dormían les pusimos crema para los hongos y llamamos al veterinario. Dijo que si no tenían dientes es que eran demasiado chiquitos. No sabíamos que hacer. Nadie quería perritos, ninguna veterinaria los aceptaba.

Esa noche mi mamá dijo que por lo menos teníamos que dejar a uno. Por ser mujer y tener un perro macho, la elegimos a ella. Fue lo peor que hice en mi vida. Uno días después mi mamá me dijo que le había parecido verla. Y por suerte lo comprobé: la encontré en la vereda de la casa del vecino de la esquina, jugando mientras él regaba las plantas y escuché que le decía “Mumi”. Ni rastros de los hongos y su pelo era negro, muy brillante.

La noche en que la dejamos, todavía quedaba él en casa. Mi papá llegó del trabajo, lo vió jugando conmigo y dijo: “Que se quede”.

Y te quedaste, Scrapy. Te pusimos Scrapy por el sobrino de Scooby Doo. Tus hongos se curaron, aprendiste a caminar, te salieron los dientes de leche, se te cayeron y volvieron a crecer. Te tragabas todo lo que encontrabas y la primera vez que te enfermaste por comer piedras del patio, mi papá durmió con vos en el comedor para vigilarte.

Las primeras noches te despertabas a las 3 de la mañana para tomar leche y a esa hora se te ocurría ponerte a jugar. Sin embargo, no quisiste dormir en el lavadero, y de a poco fuiste copando toda la casa. Ahora dormis conmigo y los fines de semana, dormís la siesta en la cama grande. Te encanta la verdura y tu comida preferida es la tortilla de papas (que una vez me robaste pero como nadie te vio no te pudimos retar). Usás saquito rosa, aunque sos un perro. Igual no te importa. Cuando Scooby se tuvo que ir el año pasado, te pusiste muy triste. Y yo se que sabés en donde está por eso a veces te paseas por esa parte del patio. Pero también se que si tuviera que venir alguien nuevo, te morirías de celos.

Asi sos Scrapy. Yo no buscaba a nadie y te vi… Sos una personita más en la familia.

Parada, por favor

Se que estoy cansada. Se que quiero que termine este cuatrimestre de la facultad y acercarme un poquito más al final de la carrera. Se que necesito vacaciones. Se que necesito dormir y levantarme los fines de semana a las 3 de la tarde y no a las 6 de la mañana, como cualquier día laboral. Se que quiero hacer lo que se me antoje y no tener que pasarme los días frente a la computadora haciendo trabajos y más trabajos, sin poder salir más que a la casa de alguien a charlar y despejar mi mente.

Pero eso no me exime de lo que me pasó ya por SEGUNDA VEZ. Porque la primera vez me morí de verguenza y pedí disculpas. Pero hoy, cuando me volvió a pasar, me tenté de mi misma y no me importó que pensó en ese momento el destinatario de mi mensaje emitido oralmente (¿se nota mucho que estudio Comunicación Social?).

En fin. Les cuento. Yo siempre acostumbro a dirigirme al chofer con un “por favor” cuando quiero bajar por adelante y le pido que me deje en tal esquina, o cuando saco el boleto (”90 por favor”). Y le digo “gracias” cuando me baja en donde yo quiero. Es una cuestión de respeto. El señor chofer está haciendo su trabajo y no es una máquina a la que le digo “90″ y automáticamente genera un boleto correspondiente a 90 centavos pesos argentinos. No. Es una persona.

Hoy subí al colectivo a eso de las 6:40 am y me senté en un asiento doble, del lado de la ventanilla. Más adelante subió un chico de unos 28 años y se sentó al lado mío. Resulta que cuando veo que el colectivo está llegando al lugar en donde me tengo que bajar, en vez de pedirle “permiso” a mi acompañante de asiento, le digo “PARADA, POR FAVOR”!!!!!!!!!!!!!!!!!

No se si me escuchó, porque encima después me lo volví a encontrar en la estación de tren, y vi que tenía auriculares. Como ya dije, la primera vez que me pasó (la semana pasada) me dio verguenza, le pedí disculpas, intenté retractarme, no se… Porque ahi si me habían escuchado. Hice todo lo que mi mente me permitía hacer a las 6.45 de la mañana. Y por suerte no era la misma persona que hoy.

Pero hoy me tenté, me causó mucha gracia. De qué, no se. A veces es preferible reir en vez de llorar!

Soy inútil… Y qué?

Ayer volvía de la facultad escuchando en la radio, el programa “Metro y Medio” de Sebastián Wainraich (o como se escriba, pero supongo que ya todos saben que es el que hace “Kistch” en “Duro de Domar”) y la consigna era decir en qué cosas uno era inútil.

Como no podía llamar desde el colectivo (porque no se escucha bien y porque no tenía crédito en el celular -pequeño detalle-), decidí emular (por no decir “robar”) la consigna y contestarla hoy en mi blog.

Confieso que soy inútil en alcanzar cosas a la gente que me pide un favor. A mi me piden una cosa y llevo otra. Como esa vez que mi mamá me mandó a buscar perejil al canterito de la terraza y yo le llevé pasto (si, pasto!!). O aquella otra vez en que había una flor de langosta en el jardín y en vez de alcanzarle a mi mamá y a mi hermana un insecticida (porque obvio que yo no la iba a matar), les llevé el BLEM!!!!!!!!!! Se rieron tanto pero tanto, que hasta el día de hoy los chistes sobre que en vez de matar a a la langosta la iban a terminar lustrando, retumban en mi cabeza… No se si será inutilidad o mera distracción o desconocimiento del mundo que me rodea, pero ese tipo de cosas me pasan frecuentemente.

Para otras cosas no soy inútil, sino vaga. Para la cocina por ejemplo. No me gusta, no lo disfruto. Pero tan mal no me sale…

Página en blanco

Estoy sentada frente a la PC y veo la página en blanco de mi blog y no se cómo empezar.

Tengo mil ideas dando vueltas en la cabeza y ya escribí tres inicios diferentes y no se con cuál quedarme. Y, ciertamente, se que no me voy a quedar con ninguno. No pude decidirme entre “Te busco. Te encuentro. ¿Te encuentro?” o entre “Camino… ” o “Un día como hoy…”. Sinceramente, hoy no se que escribir y la inspiración no llega.

¡Cuánto pesa una página en blanco! Genera una especie de parálisis al escritor. Y ahora mismo, en vez de escribir un cuentito corto (que es lo que en principio quería hacer) estoy escribiendo como si fuera mi diario íntimo, y contando a todo aquel que pase por aquí, que me quedé sin inspiración. No se si será porque estuve todo el fin de semana escribiendo sobre el Expresionismo y mirando pinturas de Kandisnky, Paul Klee, Van Gogh, Otto Dix, etc. O porque simplemente se me acabaron las ideas.

Tengo ganas de escribir una novela. La otra vez volví a leer “El amor en los tiempos del cólera”, de Gabriel García Marquez, y no dejo de sorprenderme. Lo admiro. Todo lo que leí que fue escrito por él, todo me gustó. Tiene algo especial que me hace devorar sus libros. Junto a él, Cortazar. Y hace poco descubrí a Fontanarrosa y no pensé que me iba a divertir tanto.

En cuanto a los extranjeros, admiro la evolución literaria de J. K. Rowling (“Harry Potter”). Porque una vez que leí el último empecé todo de cero y ella sí que evolucionó en su manera de escribir. Oscar Wilde… a los 12 años leí “El Fantasma de Canterville” y hace poco “El retraro de Dorian Gray”. Me fascina. “Noches Blancas”, de Dotoievsky, “Los crímenes de la Rue Morgue” de Edgar Allan Poe, y “El Principito”, un clásico.

Ahora que por fin encontré mi tema en medio de este caos de pensamientos que tengo hoy, acepto consejos sobre cosas que debería leer. Gracias por permitirme la descarga.

Argentina

Ayer me llego una dispositiva muy linda con las fotos de los paisajes de nuestro país. Porque a pesar de todo, hay que reconocer que tenemos un país bellísimo. Lo bueno sería que TODOS podamos conocerlo, que no sólo sea accesible al bolsillo del turista extrajero favorecido por el tipo de cambio o para señores adinerados.

 De la costa atlántica, amo Necochea. El 80% de mis vacaciones en familia estuve ahi, lo conozco como la palma de mi mano. Es mi lugar en el mundo y el año en que no voy… extraño.

Estuve a los 3 años en Entre Rios, donde tuve un incidente con una estatua de un gaucho: mis papás querían sacarme una foto al lado y yo le tenía miedo (la foto efectivamente lo comprueba, pero no la tengo aca).

En el viaje de 9º, fui a San Rafael, Mendoza. Ya conocía porque había ido cuando tenía un año a recorrer todo Mendoza (pero eso no cuenta porque no me lo acuerdo). En San Rafael la pasé muy bien. Hice rafting por primera vez y el director del colegio nos hacía caminar un montón entre la pre-cordillera!!

 Ese mismo año viajé a Cordoba, en diciembre. Y volví tres años más tarde. ¡Qué hermoso lugar! La Falda, La cumbre, la cumbrecita. Villa General Belgrano, Mina Clavero, Los Cocos, Villa María, Cosquín, Carlos Paz, etc, etc.

Viaje de Egresados: Bariloche! Y lo disfrutamos en serio porque sólo fuimos a bailar dos veces… Entonces estabamos más que frescos para percibir la belleza del lugar. Una noche nos quedamos a dormir en el refugio del Cerro Lopez, despues de subir por casi 4 horas debajo de la caída de la nieve. Inolvidable.

San Martin de los Andes, este verano (la foto de abajo la saque yo). No pensé que iba a ser tan lindo y que me iba a gustar un poquito más que Bariloche. Caminé un montón, conocí, recorrí, hice de todo. Y espero volver pronto.

¿Una deuda? Muchas! El norte argentino, Puerto Madryn, Usuahia, San Juan, las Cataratas del Iguazu…

Anticipos

Les dejo dos anticipos, que forman parte del mismo tema. Espero que los disfruten y que comenten/critiquen/corrijan/etc.

El jueves los leerá Renata (LLUVIA DE CHANES!).

Ayer, volviendo a casa, escuché a dos varones de 11 años más o menos, que volvían del colegio y estaban charlando. Hasta que uno le preguntó al otro: “¿Vos que harías si te ganaras 11 mil millones de pesos?”. Flor de pregunta! Además se la soltó asi como quién no quiere la cosa. El otro dudó un rato y le dijo que eso era “mucha plata”, pero no le respondió qué es lo que haría.

Yo creo que viajaría por el mundo. Primero Argentina y después a donde me lleve el viento. Me compraría una casa en Buenos Aires y una Necochea, un auto y le compraría cosas a mi familia. Después, invertiría en algo.

Como últimamente estoy más que ocupada y hoy la situación se maximizó (mi compañerito de trabajo se va en medio de unos quilombos importantes), simplemente dejo este interrogante de un nene de 11 años. Cuando tenga más tiempo contaré la anécdota del cine que me pidieron ayer.

Bajo la lluvia

Volviendo a casa desde el colegio, decidimos encontrarnos al día siguiente para ir a tomar un helado.

Ese día, un 3 de julio de algún año, llovió como nunca antes. Llovía con globitos, señal de que no iba a parar pronto, según dice la gente mayor. No sabía qué hacer, pero dijiste que ibas a estar un rato antes de la hora señalada para esperarme.

Me peiné, me puse la campera, abri el paraguas y salí a la calle. Caminé las tres largas cuadras hasta nuestro punto de encuento, con mucho frio. Llegué y no estabas. Caminé unos metros hacia la derecha. Volví. Caminé otros hacia la izquierda. Volví otra vez al kiosco en donde habíamos quedado. No tenía celular. En ese tiempo no era algo muy común. Pensé en ir a lo de una amiga para desahogarme y terminar de evidenciar mi verguenza.

Y en medio de esos pensamientos confusos, te vi. Venías a lo lejos envuelto en una campera impermeable negra con la capucha puesta. Supuse que eras vos, por tu manera de caminar, por tu altura… No traías paraguas. Llegaste, nos saludamos. El helado que pretendíamos ir a tomar no pudo ser: tanto llovía que la heladería estaba cerrada. Seguramente el dueño habría pensado que nadie iba a ir.

Empezamos a caminar. El paraguas me molestaba: no era justo que yo tuviera y vos no. Lo cerré y vos te sacaste la capucha de la campera. No sentíamos ni el frio ni la lluvia. Ni siquiera la notaba en mis anteojos. Hablamos de muchas muchas cosas. De todo. Fue una buena oportunidad para terminar de conocernos. Cuando decidimos volver ya no llovía más, pero eramos pura agua.

¿Si lo seguí viendo? Si. Siempre. Pero nunca más volvió a llover tanto un 3 de julio, como ese 3 de julio.

Planeta Frito

“Planeta Frito” es un libro de Sergio Bulat, editado con el apoyo de Greenpeace, en el que se propone mejorar ciertos hábitos cotidianos para mejorar el medio ambiente (o ayudar a que el fin sea menos trágico) . Hábitos como volver a usar la bolsa de las compras, no pedir tickets en el cajero automático, reducir el consumo de artículos de limpieza, entre otros, que son cosas tan pero tan simples, pero que siempre las pasamos siempre por alto.

El autor sostiene que cada vez son más las personas preocupadas por el cambio climático, pero advierte que sólo un pequeño porcentaje sabe qué acciones simples y prácticas adoptar para contribuir a la defensa del medio ambiente. Bulat señala que en Latinoamérica “se espera que el aumento de las temperaturas y la disminución de aguas subterráneas produzcan un progresivo reemplazo de la selva tropical por praderas. Y la vegetación semiárida se verá sustituida por vegetación árida, con el riesgo de enormes pérdidas de biodiversidad”. “En las zonas más secas se espera la salinización de los suelos y la desertificación de la tierra cultivable, lo que hará que disminuya la productividad agrícola ganadera”.  Y más adelante agrega: “Los cambios de las precipitaciones y la desaparición de glaciares afectará significativamente la disponibilidad de agua pura para el consumo”.

El libro Planeta Frito también advierte sobre las consecuencias del cambio climático en la salud debido a las olas de calor, inundaciones, tormentas, incendios y sequías, que aumentarán los niveles de desnutrición, de afecciones como la diarrea y de problemas cardiorespiratorios debido a la mayor concentración de ozono a nivel de superficie. “Habrá una alteración de la distribución espacial de algunas enfermedades infecciosas, como por ejemplo la malaria”.

Sin embargo, afirma que “en la misma medida que somos parte integrante del problema, también lo somos de la solución”, lo cual defiende lo que muchas veces se planteó desde este humilde blog: que todos podemos poner nuestro granito de arena.

Algunas de las pautas que da el autor son:

  • Productos de limpieza: Se aconseja disminuir su consumo en el hogar porque la obsesión por combatir gérmenes y microbios derivó en combinaciones químicas que causan efectos desconocidos.
  • Cajeros automáticos: Si el ticket no se necesita, lo mejores no pedirlo y así se ahorraría mucho papel y tinta.
  • Lavarropas: Para economizar energía, la sugerencia es lavar con agua fría y olvidarse del prelavado. No al “stand by”.
  • Aparatos Electónicos: Los aparatos electrónicos que no se usan deben apagarse totalmente porque el stand by consume electricidad.
  • Lamparitas: De bajo consumo en lugar de las incandescentes.
  • Teletrabajo: Una manera de ahorrar energía y tiempo.
  • Menos bolsas plásticas: A la hora de hacer las compras en el súper, se recomienda usar nuestros propios bolsos “retornables”.

 

Egresados 2003

En el almuerzo en el trabajo, Leonel y Aby me hicieron recordar aquellos momentos en el colegio, especialmente el último año del secundario/polimodal (a mi me tocó polimodal) en donde fui, literalmente, un desastre.

Sabiendo que era la abanderada y escolta, el último año solamente me puse la pollera del uniforme el primer y el último día de clases. El resto, fui de jogging y zapatillas. Mi jogging, pobrecito, no daba más. Además me macheteé solo o en complicidad de mis compañeros en la mayoría de las pruebas. Especialmente en las de geografía. Para las demás, la verdad es que estudiaba, pero un “ayuda memoria” nunca venía nada mal y siempre era bienvenido.

Uno de mis compañeros había llevado su grabador y nos la pasabamos escuchando música y bailando por los pasillos del 3º piso  (donde estaba nuestra aula) durante los recreos. Los hits del momento eran la música brasilera y nuestro himno “Yo no me quiero casar, y usted?” de Turf. La directora, Mónica, estaba curada de espanto, estaba esperando la jubilación, a nosotros nos quería mucho, asi que no nos decía nada.

En la puerta del aula habíamos pegado letras recortadas con papel de diario, formando la frase “Egresados 2003″ y habíamos hecho estrellas de cartulina de color con el nombre de cada uno.

Además, cada uno había pegado un poster de lo que más le gustaba. Estaba el sector de River y de Boca, había posters de los Backstreet Boys, de Madonna tranzandose a Britney Spears, hasta había uno de Miguel Angel Rodriguez en su papel de arbitro de futbol en “Son Amores”, en el que habían escrito “Ojo Eva!!”.

Por si esto fuera poco, teníamos una mascota. Era un marcianito de peluche, cuyos colores eran los mismos que los de nuestro buzo de egresados (verde manzana y negro). De la bandera ni hablar! Como no teníamos ganas de hacerla, la mandamos a hacer, quedó horrible, y encima, la perdimos en Bariloche. Se nota que mucho no la queríamos.

La verdad es que mi último año de colegio fue el mejor de todos lejos!!! Y a esta altura… me encantaría volver. Nunca la pasé tan bien!

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