Todo se volvió más confuso. Yo vivía de recuerdos y Rodrigo parecía haber ingresado en un nuevo mundo: fiestas, chicas, rumores, viaje de egresados de 9º. Para mi eso significaba una tortura.
Mientras me llegaban comentarios de los más variados, desde que él quería irme a buscar a mi casa (y yo rogaba que no fuera asi porque hubiera llegado a morir de verguenza, literalmente) hasta que se tranzaba a cada chica que se le cruzaba por en frente. De hecho, ni una ni otra opción eran ciertas, pero en ese tiempo pesaban bastante.
Yo vivía en el recuerdo tratando de buscar claves que me digan que me deparaba el futuro. Me pasaba leyendo la única carta que me había escrito antes de nuestra primera (y única) cita oficial. Ahi me decía que tenía miedo de que el beso borrara una amistad de tantos años, porque claro, para él era más importante nuestra amistad y yo todavía no podía verlo. Quizás el beso cambió las cosas, pero yo no lo supe manejar. Y él tampoco. Ese día estaba en la clase de computación y llegó Joaco y me la trajo. Me puse otra vez como el color del poulover del uniforme, respiré hondo y la leí. Y recuerdo que fui feliz.
También me la pasaba recordando nuestras vueltas a casa del colegio en micro: que él se sentaba en el primer asiento para mirarme desde el espejo retrovisor, que me venía a molestar, que nos terminabamos peleando a las trompadas prácticamente, que me tocaba una canción en la flauta, que se agarró a piñas con el chico del otro colegio que siempre me venía a hablar (solamente porque me hablaba), que si no le hablaba me molestaba tanto que terminaba hablandole, etc. Encontraba todo tipo de señales, y eran verdad… pero varios años atrás, cuando me había pasado al turno tarde a los 8 años, y lo volví a ver después de 3 años, cuando estaba en pre-escolar a la mañana. Ya no eran verdad a los 15 años, cuando eramos pura ebullición de hormonas adolescentes.
También me acordaba de esa compañera que se hacía mi amiga y lo había invitado a su cumpleaños de 15 (para el cual me arreglé tanto) pero, pequeño detalle, no le había dado la dirección de la fiesta. Un fiasco igual. El lunes a las 7 de la mañana ya estaba chusmeandole todo en el colegio, y para irnos a formar para izar la bandera, me acuerdo que se fue agarrandome la mano y la soltó de a poquito.
Pero lo que más significó para mi es que se haya escapado del aula un año antes para verme como abanderada. Era la primera vez que yo era abanderada, y Lorena, una de las escoltas, me dijo: “Mira al 3º piso”. Levanté la vista y lo ví… Y casi se me cayó la bandera, que pesaba tres toneladas y que ya me costaba bastante sostenerla.
Creo que Rodrigo volvió a hablarme por su propia voluntad cuando me vió demasiado cerca de Lucio, aunque ya había pasado más de un año y tenía novia. Todos pensaron que lo hice a propósito, de despechada, pero pensaron eso porque esta vez lo mantuve muy oculto. Cuando se dieron cuenta ya era demasiado tarde: para ellos, para mi, para Rodrigo y para sus celos.



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