“Mejor pasar audaz al otro mundo en el apogeo de una pasión que marchitarse consumido funestamente por la vida”. Así, James Joyce sentencia abruptamente sobre la vida, el destino inevitable de la muerte y da una buena opción para que sintamos que nada haya sido en vano. “Los Muertos”, como denominó a su cuento, son mucho más que aquellos seres que no están más entre nosotros. Son también aquellos, que por no estar más entre los vivos, viven en los recuerdos.
Se han convertido en sombras muchos antes de que su corazón dejara de latir. Gabriel Conroy así lo siente: “Uno a uno se iban convirtiendo ambos en sombras (…) Su alma se había acercado a esa región donde moran las huestes de los muertos”. James Joyce da cuenta a lo largo de todo el relato, que nada es estable en este mundo, que todo nace para perecer. Pero, como mencioné anteriormente, aún muerto se vive en los recuerdos de otros: los vivos. Sin embargo, “el sólido mundo en que estos muertos se criaron y vivieron se disolvía consumiéndose”. De esta manera, los distintos personajes recuerdan a Pat, el hermano de Kate y Julia; Ellen, la madre de Gabriel Conroy; Patrick Morkan y Johny, su caballo; Michel Furey, el enamorado de Gretta Conroy. También, se sentía en el aire quienes irían pronto a formar parte de las huestes de los muertos: la Tía Julia, por ejemplo. Y asimismo, los cambios en las personas marcan una suerte de muerte, porque hay algo que se deja atrás, en el pasado, para darle vida a otro algo, en el presente. Precisamente, Gabriel en su discurso decía: “Pero como todo, siempre hay en reuniones como ésta pensamientos tristes que vendrán a nuestra mente: recuerdos del pasado, de nuestra juventud, de los cambios, de esas caras ausentes que echamos de menos esta noche. Nuestro paso por la vida está cubierto de tales memorias dolorosas, y si fuéramos a cavilar sobre las mismas, no tendríamos ánimo para continuar, valerosos, nuestra vida cotidiana entre los seres vivientes. Tenemos todos deberes vivos y vivos afectos que reclaman, y con razón reclaman, nuestro esfuerzo más constante y tenaz”. Sin embargo, Gabriel todavía no se había dado cuenta que los afectos reclaman en vida, pero que sin reclamar estando muertos, siguen ocupando su espacio en los recuerdos.
De acuerdo con James Joyce, “los muertos” no son sólo aquellos que están literalmente muertos, sino también, aquellos que lo están en vida porque no han sabido vivir con pasión, porque no han sabido disfrutar cada momento único e irrepetible, porque, en definitiva, no han sabido vivir (ya que la vida no es eterna).
- Nota de lector de “Los Muertos”, de James Joyce, realizada en 2006. Taller de Expresión I; Cátedra Analía Reale. Universidad de Buenos Aires; Facultad de Ciencias Sociales; Ciencias de la Comunicación.
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la verdad q me parece de mucha utulidad el material!!!
GrAcIaS!!
El libro es un tanto desesperante ya que da cuenta de muchos detallitos innecesarios como cuando explica lo que está servido para la cena,es intrascendente.