“El Apoyo está bueno porque trata de unir esos dos mundos, y entonces somos todos uno”
El Apoyo escolar San Francisco funciona en Béccar desde 1994, bajo la orbita de la parroquia San José Obrero. Nació con nueve alumnos, una trabajadora social y una maestra, y en la actualidad son casi 90 chicos -son 47 familias las que integran el Apoyo-, y cuenta con una psicóloga infantil, 11 voluntarios que trabajan individualmente con los chicos, una asistente social, seis maestras, dos cocineras, la directora y la representante legal, y además realizan talleres de arte, ciencia y educación física. Antes sólo había cinco personas que realizaban grandes donaciones. Ahora hay más de 100 pequeños colaboradores, entre ONG’s y los comerciantes del barrio. En la diócesis correspondiente al partido de San Isidro hay 47 apoyos escolares, más aquellos apoyos laicos que forman parte de la Red de Apoyos Escolares (RAE). Pero el Apoyo San Francisco es el único al que pueden asistir chicos de entre 1º y 9º grado, que viven en dos barrios distintos, con la particularidad de que la villa La Cava y la villa San Cayetano están enfrentadas, según asegura el mito local.
Aunque La Cava está ubicada en el límite entre Béccar y San Isidro, y la villa San Cayetano se encuentra en el límite opuesto, entre Béccar y Victoria, siempre corrió el rumor de su rivalidad. “El 85% de los alumnos son de San Cayetano y unos pocos son de La Cava”, dice Alicia “Alilú” López, representante legal del Apoyo San Francisco. Y agrega: ”En algún momento hubo como un tema de un barrio contra el otro barrio, entonces se tuvo que trabajar la integración”. Maria Eugenia Cardelo, maestra de 6º y 7º grado, contó: “Yo conocí a otros apoyos escolares y generalmente son gente del mismo barrio. Pero acá lo que hacen es juntar a los dos que ya sabes que hay pica. Y siempre hay problemas, pero ahora se están llevando muy bien entre los chicos. Pero aparte está bueno porque ahora se conocen. Y a veces se aparece alguno de La Cava allá [en la villa San Cayetano], entonces uno dice: ‘No, a este lo conozco’”. También cuenta que “antes apenas había alguien de La Cava, se peleaban entre ellos”.
La mayoría de los chicos que van al Apoyo fueron abusados, maltratados y a veces llegan golpeados a las clases, además de las malas condiciones económicas en que viven. Eugenia señala que los alumnos tienen problemas para relacionarse entre ellos y con las maestras. Las peleas se dan entre chicos de todas las edades y también entre varones y mujeres. Sin embargo, para ella han evolucionado: “Siempre se van contando las llamadas al SAME y el año pasado se habían reducido no sé a cuánto, bajó un montón la cantidad de llamadas. Este año casi nada, con lo que va del año. Ya no está habiendo tantos problemas de violencia”. Por esto sostiene que “el Apoyo está bueno porque trata de unir esos dos mundos, y entonces somos todos uno”.
Según Alicia, la pertenencia que los chicos tienen a su respectivo barrio está muy marcada, y ese fue uno de los problemas que debieron superar para poder lograr la integración entre los alumnos. “Tienen una pertenencia al barrio bastante fuerte, pero igual yo creo que los que vienen hace rato saben que está bueno tener pertenencia pero que eso no tiene por qué alejarlos de los otros. En un momento era más chocante. Mismo dentro del barrio hay una parte que se llama ‘La Sauce’ y una parte que se llama ‘San Cayetano’, que en algún un momento estaban como enemistados. Acá tenemos chicos mezclados y los chicos juegan, se llevan bien”. Pero, todavía existe el temor de que el progreso logrado pueda disolverse debido a la pelea que hay entre los barrios La Cava y San Cayetano: “En algún momento hay [pica] pero digamos que ser de acá los une y son amigos. Se sabe que hay pica entre los barrios y esas cosas, y a veces nos ha pasado que algún chico fuera a hacerle algo fuera del Apoyo a alguno del otro barrio. Siempre te queda el miedo de que la situación del barrio trascienda al Apoyo”.
Aunque también el sentimiento de pertenencia se da con relación al Apoyo escolar. “Cuando se van los que egresan, y te los encontrás en la calle, a mi me ha pasado que me han gritado ‘Apoyo San Francisco’, en vez de ‘Alilú’. Y es algo muy lindo. Es muy fuerte la valoración hacia el Apoyo”. Por otro lado, Eugenia comentó que “se nota que quieren al lugar, porque se sienten parte del lugar, como que es un espacio para ellos y lo reconocen, porque ahí les damos todos los mimos”.
El Apoyo no sólo busca potenciar la integración de los chicos de La Cava y de San Cayetano sino también la integración con otros chicos. A fin de año se realizará la Feria de Ciencias de Temaikén y los alumnos se están peleando por quién va a exponer. “Algo muy lindo que hizo Temaikén es esto de valorar la autoestima. Que los chicos puedan decir: ‘Yo puedo ir a contar lo que hice, yo puedo contar lo que sé’. Que se animen y que quieran, ya es algo muy importante, sabiendo que esta gente no quiere contar, no quiere abrirse, trae otros problemas que dependen de otras situaciones. Ellos quieren integrarse, quieren contar. Es el tema de integrarme con otro distinto. En algunos momentos era como que la vida de los chicos del barrio transcurría con la misma gente del barrio, entonces después su trabajo iba a ser entre esas vidas, iba a ir a esas escuelas, todo como de ghetto. Eso en cierta manera vos ves que se va rompiendo y que se van animando”, contó Alicia.
La mayoría de los apoyos escolares que funcionan en la actualidad nacieron en la década del ’90 y están ubicados en barrios de emergencia. Ofrecen comedores escolares como una ayuda a las familias, debido aumento de la desocupación, y también se proponen evitar la deserción escolar. El Apoyo San Francisco nació como continuación del jardín maternal San Diego, ubicado en la villa San Cayetano, al que los chicos iban todo el día. “Las dos necesidades por las que surge el Apoyo son, por un lado, esto de un lugar donde los chicos se queden y las madres puedan continuar trabajando las ocho horas y, por otro lado, un acompañamiento pedagógico por el tema de que por ahí las mamás no podían ayudar a sus chicos a hacer los deberes, y ahí los chicos desertaban la escuela. Entonces uno de los primeros objetivos del Apoyo es la persistencia en el sistema”, dijo Alicia, aunque aclaró que el Apoyo no es la escuela, sino que es un refuerzo. Eugenia comentó que ellos tratan de afianzar los contenidos que se dan en a escuela porque “en las escuelas hacen pasar [de grado] a chicos que no tienen nada básico [de conocimientos]. Hay escuelas que vos sabés que los hacen pasar porque no los pueden seguir manteniendo”. Por eso, Alicia explicó que los maestros siguen ayudando a los alumnos con su tarea escolar por más que otros apoyos escolares ya no lo hagan. En los barrios de emergencia, la estadística señala que ocho de diez chicos abandonan la escuela antes de llegar al polimodal. En los últimos cinco años, ya son siete los ex-alumnos del Apoyo San Francisco que egresaron del secundario.
Desde esta institución se busca potenciar las habilidades y la autoestima de los alumnos, no sólo para evitar la deserción escolar sino para que en un futuro se puedan insertar en el mercado laboral. “Que ellos sientan que pueden ir a buscar un trabajo de lo que ellos quieran soñar. Apuntamos mucho a esto, a poder tener un proyecto de vida. De que los chicos puedan decir “yo puedo ser lo que quiero ser. No estoy limitado a poder ser esto, aquello o lo otro. Repartidor de pizza o tener un plan o ser un constructor”, que no está nada malo y que está bueno que lo hagan porque es un trabajo, pero que sepan que se puede elegir. Una de las riquezas que tienen los apoyos es eso: las miradas sobre las riquezas de los chicos”, afirma Alicia. En este sentido, Eugenia dijo: “Nosotros también queremos inculcarles que está bueno estudiar más porque es bueno seguir estudiando”. Asimismo Alicia sostuvo que “en un momento en donde la mayoría de la sociedad, no solamente la clase baja, sino en todas las clases, se reclama como una pasividad donde espero que me vengan a proponer y que me vengan a dar, estos chicos se levantan por opción a las ocho de la mañana. A veces llego a las ocho y ya hay chicos acá, haga frío, llueva, lo que sea. Y vienen a hacer lo que no tienen obligación, porque esto no es la escuela”.
El rol del Apoyo San Francisco es acompañar a las familias, pero también señalan que hay familias abandónicas. “Entonces se piensa en estrategias de fortalecer al chico desde lo que se pueda”, dijo Alicia. Por otro lado, la presencia del Apoyo en la comunidad es bastante fuerte. Las escuelas públicas a veces mandan cartas para pedirles que dejen entrar a algún chico, aunque las vacantes son limitadas y siempre están completas. También el Apoyo articula con centros de salud y con defensorías legales, para brindar ayuda a las familias. Allí no sólo se enseña, sino que se acompaña a los chicos en el quehacer de las tareas de la escuela, y se les da el desayuno y el almuerzo.
Como el Apoyo San Francisco recibe el Plan Eva Perón del Ministerio de Desarrollo Humano de la provincia de Buenos Aires, no puede cobrar cooperadora, porque el plan asigna una cantidad de dinero mensual por chico. Pero esto no alcanza, ya que por ejemplo, a los alumnos no se les puede dar más de tres galletitas durante el desayuno. “Tres galletitas por chico, porque sino no nos alcanza para mas”, contó Eugenia. Entonces la ayuda recibida por parte de las fundaciones, el Banco de Alimentos, la universidad de San Andrés y los comerciantes de la zona, para ellos es muy valiosa. Mientras que la mayoría de los comerciantes donan los alimentos y las fotocopias que necesitan para que los chicos trabajen en el aula, las fundaciones colaboran apadrinando a algunos alumnos –como la Fundación Manos del Sur- y también económicamente. La Fundación Ortiz ayudó a que se pueda aumentar el sueldo de las maestras un 20%: “Nosotros teníamos todo un tema de atraso en cuanto a los sueldos. Las maestras acá trabajan mucho más que en un colegio. En un colegio ganan $1.200, ahora con el aumento último, y acá estaban ganando $449. Ojo, el convenio que nos regula marcaba eso. Estábamos bien en lo legal, pero en lo moral estábamos muy mal porque trabajan muchísimo más”, cuenta Alicia.
El trabajo de las maestras dentro del Apoyo San Francisco va más allá de la enseñanza. Es una continua colaboración hacia el otro, intentando integrar no sólo a los chicos entre sí sino también a la sociedad. “Ayer hicimos un test de esos que mandan por internet”, comentó Alicia, “y una de las preguntas era: ‘¿Vos colaboras con una ONG?’. Y yo trabajo en una y es una de las cosas más lindas que me pasan, porque vos podés ver cómo tirás una cosa y cómo se multiplica con todo lo que dona cada uno. Realmente funciona”.
- Ver También: Entrevista a Eugenia Cardelo
- Informe realizado en junio de 2008. Taller de Expresión III – Gráfica; Cátedra Gómez. Universidad de Buenos Aires; Facultad de Ciencias Sociales; Ciencias de la Comunicación.
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