I. INTRODUCCIÓN
Se denominó vanguardias a los conjuntos de tendencias artísticas, literarias y sociales que aparecieron con un espíritu innovador y revolucionario, a comienzos del siglo XX. Entre estos movimientos encontramos al dadaísmo, al cubismo, al futurismo, al impresionismo, al surrealismo y al expresionismo, entre otros. Principalmente demuestran su rechazo a las pautas culturales y sociales establecidas y pretenden aportar una nueva visión del mundo y la sociedad. Nicolás Casullo (cfr. Casullo, N., Forster, R., y Kauffman, 1999) sostiene que la vanguardia se plantea como una crítica al contexto social y político y también como una utopía de cambio.
Básicamente las vanguardias están signadas por la Primera Guerra Mundial, y su época de oro culminará en 1939, con la Segunda Guerra Mundial. Parafraseando a Casullo, al concluir la guerra, el artista tiene la visión de una catástrofe cultural ha llegado y con ella la muerte. Por otro lado, en 1918 acontece la Revolución Rusa, y aparece la idea de que es el momento precioso para cambiar el mundo. El arte, entonces, es partícipe de este momento histórico de cambio, y “se entrelaza con planteos políticos expresos en la relación de clases sociales en lucha, los hombres proletarios llamados a transformar la sociedad, la injusticia económica, lo irracional de un sistema que padeció una guerra devastadora y persiste en anunciar una segundo contienda bélica” (Casullo, N., Forster, R., y Kauffman , 1996:96).
El expresionismo es un movimiento artístico surgido en Alemania alrededor de 1910, en clara contraposición al clima social que ya anticipaba la Primera Guerra Mundial (1914-1918), y nació en concordancia con el fauvismo francés. Específicamente, es la primera reacción que testimonió el extrañamiento del mundo y que advirtió la crisis que ya estaba presente en el país y en el mundo. Recibió su nombre en 1911 debido a la exposición de la Secesión Berlinesa, en la que se expusieron los cuadros fauvistas y algunas de las obras pre-cubistas de Pablo Picasso. Fueron calificados como expresionistas los grupos de pintores “El Jinete Azul”, formado en Munich en 1914 y “El Puente”, constituído en Dresde en 1902.
A lo largo de este trabajo se desarrollarán no sólo las características principales que distinguen al expresionismo de los otros movimientos artísticos, sino también el contexto en el cuál surgió y las particularidades que presenta en arte, literatura, música y cine.
II. EXPRESIONISMO
El expresionismo nace en Alemania alrededor de 1910 (que se encontraba bajo el régimen de Guillermo II), dentro de la atmósfera social y política que ya anticipaba la Primera Guerra Mundial.
Los expresionistas buscaron imponer su sensibilidad a la actualidad histórica del mundo, a través de sus técnicas, y no reflejarlo objetivamente. Los temas característicos fueron la crítica generacional a la burguesía (que consideraban como decadente), al materialismo, a la aglomeración de las masas en las metrópolis, a la mecanización, y, por supuesto, a la guerra. Aunque inicialmente se creía que la guerra acabaría con la doble moral de la burguesía, muy pronto se dieron cuenta del horror que causaría. De todas formas, muchos expresionistas se alistaron voluntariamente y en sus poemas y dramas llamaban al sacrificio individual.
En sus obras se plasmó la angustia existencial con desesperadas visiones del fin del mundo y su miedo a la época que estaban viviendo, pero afirmaron sus esperanzas en el futuro reivindicando la fraternización universal, la dignidad humana y los valores naturales, que culminarían con el surgimiento del “Nuevo Hombre”, a través de una revolución política y social. Procuraron revelar el pesimismo de la vida debido a las circunstancias históricas producidas por el advenimiento de la Gran Guerra. Criticaban las graves consecuencias para la humanidad que trajo modernización, así como el aislamiento individual debido a la masificación y a la aglomeración producida en las grandes ciudades. Casullo dice que las vanguardias se dieron en un mundo que ya estaba construído por la gran metrópolis, la máquina, los avances en comunicación, la producción industrial de masas y los grandes avances científicos. Por eso, los expresionistas creían que era necesario captar los sentimientos más íntimos del ser humano. Las temáticas fueron comunes para todas las artes expresionistas. En la mayoría de los casos, los escritores también eran pintores (como por ejemplo, Oskar Kokoschka).
Mario De Micheli sostiene que “el expresionismo es sin duda un arte de oposición. Su antipositivismo es, consecuentemente antinaturalista y antiimpresionista” (De Micheli, Mario :66). Oposición al positivismo, porque los artistas expresionistas lo consideraban como falso. El positivismo se había presentado como “el antídoto general contra la crisis” (De Micheli, Mario :65), pero no pudo ocultar las contradicciones que se vivían en la sociedad y que desembocarían en la Guerra Mundial. Y también oposición al impresionismo, que había aparecido en Europa alrededor de 1880. Para los impresionistas la realidad era un dato exterior que ellos debían captar desde un golpe de vista, pero los expresionistas creían que la realidad debía ser experimentada desde la interioridad, y así apelaban a vivencias corporales y emocionales del mundo más que a su captación mediante el ojo humano. También los expresionistas le criticaban al impresionismo su “tono de felicidad, de hedonismo sensible, de <<ligereza>> (…) Esa felicidad que ignoraba los problemas que se agitaban bajo la calma aparente del conjunto social” (De Micheli, Mario :67).
Por lo tanto, el expresionismo buscó expresar los sentimientos y demostrar la frecuente ruptura de la normativa, ya que pretendía representar al mundo exterior a través de la sensibilidad y no reflejarlo objetivamente. El expresionismo quiso deformar la realidad para poder expresar adecuadamente los valores que pretendía evidenciar, porque sostenía que la realidad es una construcción que constituye un lenguaje, por lo tanto, había que construir un nuevo lenguaje que diera cuenta de la otra realidad que estaba oculta. Procuró que el espectador viera desde los sentimientos del artista, que debían quedar plasmados en la obra.
Si bien no se trató de un movimiento unitario, produjeron manifiestos y revistas representativas, como “Der Sturm” (1910) y “Die Aktion” (1911). Además, no reconocieron a los autores clásicos, sino que recuperaron a muchos escritores alemanes ya olvidados, como Lenz, Hölderlin y Buchner.
El expresionismo como movimiento no desapareció hasta 1933, cuando fue reprimido por el nazismo. Hitler, bajo la consigna de “Arte degenerado” condenó a todo el movimiento expresionista. “El nazismo los persiguió los dispersó, confiscó sus obras, las excluyó de los museos, las destruyó” (De Micheli, Mario :124). Aun así, a partir de 1950 volvió en Estados Unidos, bajo el nombre de expresionismo abstracto, y también en el arte mexicano e italiano (en los años del fascismo).
III. PINTURA
El expresionismo es una corriente pictórica que nació en 1905 en Alemania, aunque también apareció en otros países europeos. Estuvo ligado al fauvismo francés como arte expresivo y emocional. Nació como reacción ante el impresionismo y el positivismo de fines del siglo XIX. Pero la corriente expresionista se presentó por primera vez en 1911, cuando se realizó la exposición del grupo Der Blave Reiter (“El jinete azul”).
Los expresionistas no querían que la obra de arte representara la realidad objetiva sino el sentimiento interior del artista, su estado emocional y su visión del entorno, por eso sus temas aparecen exagerados y distorsionados. Entre sus antecedentes se puede mencionar a Matthias Grunewald, El Bosco, El Greco, l. Cranach, Goya, Paul Gauguin, Vincent Van Gogh, Edvard Munch y J. Enso, porque sus obras tenían ciertas características comunes (agresividad, espiritualidad y pesimismo) que los expresionistas adaptaron posteriormente a sus planteamientos: independencia de los medios expresivos frente a la realidad exterior, sentido propagandístico sobre la actividad del artista, primacía de la intuición y la observación sobre la razón. Partiendo desde estos presupuestos se recreó la realidad para expresarla con mayor fuerza y se adoptó una actitud crítica que favoreció la transgresión de los cánones de belleza establecidos.
Edvard Munch, de origen noruego, es considerado el padre del expresionismo. Desde 1892, desarrolló su estilo aplicando curvas sinuosas, colores arbitrarios, y mostró una obsesión por la enfermedad, la muerte y seres que huyen entre una masa de color, como es el caso del “El Grito”, que es la expresión del miedo del hombre ante una realidad cada vez más compleja y confusa. En sus obras predominan las figuras humanas y las relaciones personales, así como la obsesión sobre la impotencia del ser humano ante la muerte. Para él la vida es negativa, solitaria y muestra sólo la indefensión del ser humano. Estuvo vinculado con el grupo “El Puente”.
Ensor (1860-1949) también es considerado como uno de los iniciadores del expresionismo, y en sus pinturas se observan personajes enmascarados y caricaturescos, donde la máscara se convierte en una expresión amenazadora de lo desconocido.
Las obras de arte expresionistas se caracterizan por los colores fuertes, el dinamismo, la composición agresiva y el sentimiento, a través de la fuerza psicológica y expresiva. Para los expresionistas no era necesario reflejar el mundo de manera realista, sino romper las formas (al contrario que los impresionistas). Su objetivo era transmitir las emociones y sentimientos más profundos del artista y que el espectador los pudiera reconocer. Para eso, alteraron las leyes de la perspectiva y las proporciones de las figuras y objetos; el empleo del color se hizo arbitrario (por la influencia fauve), llegando al limite de lo simbólico. Se utilizaron líneas quebradas y ángulos rectos para acentuar la expresividad. Con esto se buscó sorprender al espectador, presentándole obras y nuevas formas que dieran cuenta del mundo en crisis que estaban habitando. El hombre era representado enfermo, débil, trastornado por las emociones y ridiculizado.
En pintura desempeño un papel fundamental la creación de tres grupos artísticos:
III.a. El Puente (Die Brücke)
Formado en Dresde en 1905. Sus fundadores fueron Ernst Kirchner, Erinch Heckel, Karl Schmidt-Rottluf, Emil Nolde, Max Pechtein, Otto Müller y F. Blegl, estudiantes de arquitectura. Rechazaron toda regla que limitara su libertad creativa. Tendieron hacia el feísmo y el barbarismo con la realización de figuras toscas y de perfil duro, inspiradas en máscaras y estatuillas primitivas.
La intención de “El Puente” era destruir las viejas convenciones e incluir todo elemento revolucionario para poder lograrlo. Estaban en contraposición de las reglas ya que consideraban que la inspiración debía fluir y expresar las emociones del artista tal como él las sentía. Para ellos, el contenido era más importante que la forma. Se les criticó la detracción social que incluyeron en sus obras. “El Puente” transmitió de manera violenta la soledad en la gran ciudad, la miseria, la violencia que oculta, así como la vida artificial que propone a sus habitantes. “Van a ser criaturas fantasmales, espectros, marionetas que andan por la ciudad, sin norte ni destino, pero que son personajes de esa época de ciudades alemanas, de una época muy congestionada por la guerra, la miseria y la muerte” (Casullo, N., Forster, R., y Kauffman , 1996:111). Para lograr este efecto en sus obras, van a retratar las tabernas, los prostíbulos, los lugares donde viven los obreros y las zonas miserables.
Kirchner se encargó de retratar la vida urbana de Berlín y sus calles. Sus formas secas y puntiagudas, con colores ácidos, son características en obras como “La Escuela de Danza” de 1914. Él escribió que “el pintor transforma en obra de arte la concepción de su experiencia (…) No hay reglas fijas. Las reglas para la obra se van formando durante el trabajo, a través de la personalidad del creador, la manera de su técnica y el argumento que se propone” (De Micheli, Mario :87).
Nolde (que se fue del grupo en 1911) estuvo influenciado por el primitivismo negro y por el mito del salvaje. En sus obras plasmó el sentimiento trágico de la naturaleza y su inspiración, de carácter psicológico e instintivo. Hacia 1909 comenzó a pintar cuadros de temas religiosos, expresando su misticismo.
El grupo se disolvió en 1914 debido a las diferencias entre sus integrantes y al establecimiento de un mercado de la industria cultural cada vez más afianzado.
III.b. El Jinete Azul (Der Blaue Reiter)
Surgió en Munich en 1911. Sus fundadores fueron Vassily Kandinsky y Franz Mack y reunió a A. Von Jawlensky, August Macke y Paul Klee. Recibió aportes desde el cubismo y el futurismo, ya que la mayoría de sus integrantes no eran alemanes. En sus obras predominó el misticismo y a diferencia de “El Puente”, sus mensajes eran menos contundentes, ya que querían purificar los instintos, captando la esencia espiritual de la realidad. “Les importa más el cómo de la representación que el qué” (Expresionismo. Pintura Expresionista, en http://www.arteespana.com/expresionismo.htm). Se buscó lograr encontrar la esencia de lo real en la espiritualidad perdida. En este arte espiritual que desarrollaron, redujeron el naturalismo hasta llegar a la abstracción: el Expresionismo Abstracto.
Vassily Kandinsky, de origen Ruso, llegó a Munich en 1896 y en 1909 fue nombrado presidente de la Nueva Asociación de artistas de Munich. Su teoría del arte la presentó en 1912 a través de la publicación de su libro “De lo espiritual en el arte”. Ese mismo año fundó el grupo “El Jinete Azul”, junto con Marc. En 1913 fueron invitados a participar en una muestra internacional en Berlín llamada “El Salón de Otoño Berlinés”.
En el arte que desarrollaron los ritmos de la composición jugaban un papel importante. Los valores líricos e imaginativos prevalecieron por encima del tétrico impulso del expresionismo, y por eso, marcaron la transición hacia el arte abstracto. La evasión, según sostenían, no debía acercarse hacia el mundo salvaje, sino hacia el mundo espiritual de la naturaleza y al mundo interior.
Kandinsky, en su libro “La Pintura como arte puro” (1913) desarrolló una teoría del color, ya que sostenía que la pintura debía pasar desde lo material hacia lo abstracto a través de la visión pura con el color como intermediario. Para él la pintura es un mundo en sí mismo, que actúa sobre el espectador por medio de la vista, provocándole experiencias espirituales, como al artista que la realizó. Para Kandinsky, el arte:
“No implica una creación innecesaria de entes que se diluyen en la nada, sino una fuerza que contribuye al desarrollo y la sensibilización del alma humana… El arte es el código que se comunica con el alma de las cosas, que es para ella un pan cotidiano, imposible de obtener de otra manera. Si el arte no cumpliera esta obligación, dejaría un hueco, pues no existe ningún poder que pueda tomar su lugar. Cuando el alma humana alcance una vida más intensa, el arte renacerá, pues el alma y el arte se encuentran en relación mutua de efecto y perfección (…) El artista debe tener qué decir, pues su deber no es dominar la forma sino amoldarla a un contenido. El artista no es un ser con prerrogativas en la vida, no puede existir sin deberes, está sujeto a una labor ardua que a veces le pesa como una cruz (…) El artista, confrontado con el que no lo es, tiene tres deberes: 1) debe retribuir el talento que le fue dado, 2) sus actos, sentimientos e ideas, como los de los otros hombres, deben constituir la atmós¬fera espiritual, purificarla o enrarecerla y 3) sus actos, sentimientos e ideas deben constituir la materia de sus obras, interviniendo en esa atmósfera espiritual”. (Kandisnky, Vassily; Sobre lo espiritual en el arte; Editorial Need, Buenos Aires. En Ierardo, Esteban; Kandinsky y la obra de arte; en http://www.temakel.com/rs10kandarte.htm).
Por otro lado, para Paul Klee, el artista era un “médium”, integrado a las fuerzas de la naturaleza y sus creaciones debían ser tan aceptadas como los fenómenos naturales. En contraposición a Kandinsky, Klee afirmaba que el arte puede captar el sentido creativo de la naturaleza, rechazando la abstracción absoluta: “El artista penetra con su mirada aguda en las cosas ya formadas que la naturaleza pone ante sus ojos. Mientras más mira en la profundidad, mas fácilmente vincula los puntos de vista de hoy con los de ayer, mas se graba en él la sola imagen esencial de la creación como génesis en lugar de la imagen definida de la naturaleza” (De Micheli, Mario :103). Esta relación con la naturaleza que estableció Klee se plasmó en los títulos de algunas de sus obras: Pájaros acuáticos, Una paloma que baja del cielo, Luna anaranjada, Flores en la noche, entre otros.
Finalmente, el “Jinete Azul” se disolvió debido a la Primera Guerra Mundial, en la que murieron Macke y Marc. En 1919, Walter Gropius fundó la escuela de diseño y arquitectura Bauhaus en Weimar , y entre sus profesores estuvieron Klee y Kandinsky. Pero sin embargo en 1924, se formo el grupo “Los cuatro azules” conformado por Kandinsky, Klee, Jawlensky y Feininger. Desde sus obras reaccionaron contra las artes que eludían el horror que había causado la guerra y que dejaban de lado los problemas más urgentes. Pretendían crear un arte duro con la realidad pero que al mismo tiempo le fuera útil al hombre.
Finalizada Guerra, se desarrolló el Realismo Expresionista, movimiento en el que los artistas se separaron de la abstracción, reflexionando sobre el arte figurativo y rechazando toda actividad que no atendiera a los problemas de la realidad de la posguerra. Integraron este grupo Otto Dix, George Grosz, Max Beckmann y Barlach.
Desde 1950, luego de la Segunda Guerra Mundial, la tendencia del expresionismo abstracto resurgió debido al impulso recibido desde Estados Unidos y algunos países europeos, pero con ciertas variantes que la diferencia de las técnicas originales. Aunque mantiene sus formas abstractas, la expresión implica una mayor violencia en el ritmo y en la exaltación de los colores. Se utiliza un lenguaje de signos y caligrafías sin ninguna referencia hacia los objetos, que llega a la agresividad y a la pasión en el empleo de los materiales (mezclando a veces elementos de las fantasías oníricas del neosurrealismo). Entre los artistas que han revalorizado esta tendencia se encuentran: James Brooks, William de Kooning, Clyfford Stil, Robert Morherwell, Manuel Millares, Antonio Saura y Manuel Viola.
III.c. La Nueva Objetividad (Die Neue Sachlichkeit)
Nació el 1922, y estuvo formado por Otto Dix, George Grosz, M. Beckmann y Schlichter. Criticaron la realidad social, ya que se formaron cuando había finalizado la Gran Guerra, pero mantuvieron ciertas características similares con el dadaísmo. Entre sus temas resaltaban el pesimismo existencial, y su actitud hacia la sociedad de masas era sumamente crítica, satírica y cínica.
Otto Dix representó en sus obras los horrores de la guerra que había presenciado porque fue soldado en el frente occidental. “Ante los cuerpos desgarrados, las masacres, Dix no aparataba la mirada, no buscaba la salvación en la <<reino del espíritu>>” (De Micheli, Mario :116), dice de Micheli. Entre sus obras se encuentran “La Trinchera” (1920) y “Los siete pecados capitales” (1933).
Tras finalizar la Primera Guerra Mundial, a esta corriente pictórica le siguieron otras tendencias como el constructivismo, el informalismo y, más tarde, el fotorrealismo.
IV. LITERATURA
A principios del siglo XX, debido a la crisis en Europa que anticipaba la Primera Guerra Mundial, las manifestaciones artísticas se acrecentaron como expresión de la necesidad de superar la crisis y suprimir las formas tradicionales. Estos primeros movimientos vanguardistas en literatura surgieron alrededor de 1910. “Todos los movimientos que surgen en esta época reaccionan contra la estética realista, buscando nuevas formas expresivas; rompen con las estructuras espaciales y temporales clásicas porque el artista renuncia a ofrecer una visión integradora de la realidad: formas, volúmenes, relatos, rompen la visión única y recogen puntos de vista dispersos” (Las grandes corrientes de la literatura en el siglo XX, en http://www.literaturas.com/Documentos4.htm). En general, todas las vanguardias buscaban que la obra literaria incluyera elementos de diferentes géneros, utilizando planos distintos, dándole importancia a la caligrafía y al monólogo interior, y también existió el rechazo de lo tradicional.
En el campo de la literatura, la “década expresionista” fue el período cumbre del movimiento y se desarrolló entre 1910 y 1920. La literatura expresionista encontró su mejor medio en la poesía, donde se pueden destacar a escritores como A. Mombert, J. Van Hoddis, Th. Däubler, George Trakl, G. Heym, Else Lasker-Shuler, entre otros. Sin embargo también se dedicaron a las narraciones cortas, cultivada especialmente por A. Döblin, M. Brod, Kasimir Edschmid, aunque con características singulares en Frank Kafka (“La Metamorfosis”). El antecedente del drama expresionista es el desarrollado por Frank Wedekind y August Strindberg, pero alcanzó su pleno desarrollo con dramaturgos como Richard Sorge, George Kaiser, W. Hasenclever y B. Brecht. La primer obra considerada como expresionista es “Der Bettler” (“El mendigo”) de Reinhard Sorge, escrita en 1912 (puesta en escena en 1917 por Max Reinhardt).
Entre los temas destacados de la literatura expresionista se encuentran: la guerra, el vertiginoso ritmo de la urbe, la fragmentación, el miedo, la pérdida de la identidad individual, el fin del mundo, la locura, el amor, el delirio y la naturaleza. También desarrollaron temas metafísicos, como el destino del hombre, la redención, la culpa, la perdida de la inocencia. Como técnicas, en sus textos subyacen las metáforas libres, ya que están en contra de la lógica de la razón. Lo importante no es la descripción o la narración detallada, sino los significados ocultos y los sentimientos interiores de los personajes. Según sus críticos, plantearon una estética de la fealdad, ya que dieron preponderancia a la deformidad, la enfermedad y la locura como el motivo de sus obras. Tanto los personajes como las escenas descriptas se distorsionaban intencionalmente para producir un gran impacto y sorpresa en el lector.
El escritor German Barh sostuvo que: “El hombre pide gritando su alma. Un solo grito de angustia se eleva de nuestro tiempo. También el arte grita en las tinieblas, pide socorro, invoca al espíritu. Eso es el expresionismo” (Casullo, N., Forster, R., y Kauffman, 1996:108). En el mismo sentido, Edschmid escribió en 1917:
“El artista expresionista transfigura todo su ambiente. El no ve: mira; no reproduce: recrea; no encuentra: busca. A la concatenación de los hechos –fábricas, casas, enfermedades, prostitutas, gritos y hambre- se sustituye su transfiguración (…) El artista ve lo humano en las prostitutas y lo divino en las fabricas (…) El mundo ya existe, no tendría sentido hacer una réplica de él. La tares principal del artista consiste en indagar sus movimientos más profundos y su significado fundamental, y en volverlo a crear” (De Micheli, Mario :81-82).
Los autores expresionistas plasmaron en sus obras la crueldad y los horrores de la guerra. Como ya mencione, muchos expresionistas participaron de la Primera Guerra Mundial, y en sus escritos no sólo llamaban al sacrificio individual (para terminar con la decadencia y la doble moral de la burguesía), sino también proclamaron obras antibelicistas donde primó la idea de entendimiento entre los pueblos.
V. Cine
El cine mudo alemán adoptó muchos de los principios del expresionismo pictórico y literario de principios del siglo XX, y además se buscó conectar la tradición romántica del siglo XIX. Con precedentes como “El estudiante de Praga” (1913) [Der Student von Prag], de Stellan Rye, “Homúnculos” (1916), de Otto Ripert y “El Golem” (1914) [Der Golem], su implantación tuvo lugar con “El Gabinete del Doctor Caligari” (1919) [Das Kabinett des Dr. Caligari], de Robert Wiene. Otros directos expresionistas son Fritz Lang, Friedrich Murnau, Paul Leni, Oswald, Dupont y Galeen.
“El gabinete del doctor Caligari” está basado en una serie de crímenes sexuales que tuvieron lugar en Hamburgo, por parte de un sonámbulo que era dirigido por el Dr. Caligari. La idea además era denunciar el papel del Estado alemán durante la guerra. La escenografía del film está plagada de chimeneas oblicuas y ventanas con forma de flecha, para resaltar el drama psicológico. El maquillaje utilizado en los actores derivará en el uso de la palabra “caligarismo” para designar las películas alemanas de la nueva estética. Robert Wiene es uno de los primeros directores que introdujo elementos expresionistas en el cine. Algunas de las obras más representativas de este período fueron: “Nosferatu”, “Metrópolis”, “Las tres luces”, “El último” y “El testamento del Dr. Mabuse”. Sin embargo, con la llegada del nazismo debió exiliarse y falleció en Paris en 1938.
Esta nueva estética (que influyo en el cine norteamericano, debido a los exiliados centroeuropeos), se caracterizó por la distorsión exagerada de los elementos que concurren en la imagen (decorados, iluminación de luces y sombras como medio expresivo, interpretación) para crear una atmósfera inquietante de sus habituales historias fantásticas de homúnculos, locos, vampiros, asesinos, mostrando una óptica deformada de la realidad. Para algunos autores significa una premonición del nazismo (que sobrevendrá en la Alemania de la posguerra).
En la mayoría de los filmes expresionistas hay desplazamientos temporales (por ejemplo, en “Metrópolis” el desplazamiento es hacia el futuro y en “El Golem”, es hacia el pasado medieval) y se representa un submundo tétrico (“Nosferatu” y “El gabinete del Dr. Caligari”). Las escenas presentan la distorsión de las puestas en escena y el tratamiento de la luz con fuertes contrastes del claroscuro que remiten a la vida no orgánica de las cosas. En los escenarios construídos se destacan sus “contornos angulosos, oblicuos, su densidad vacilante, sus escalones usados, ahuecados, no parecen a fe mía sino la encarnación demasiado irreal de un ghetto malsano y superpoblado, donde se vive una eterna angustia” (Expresionismo Alemán, Cine Expresionista y Principales Obras, en http://www.monografias.com/trabajos14/expresionisaleman/expresionisaleman.shtml). Los cineastas expresionistas querían exponer la imagen subjetiva que mostrara lo que estaba oculto tras la realidad aparente. Para eso utilizaron la distorsión óptica con el manejo de la iluminación, la escenografía, la mímica exagerada, el maquillaje y el vestuario estilizados. Entre los temas se encuentran lo sobrenatural, lo fantástico, lo tétrico, la desesperanza, el fin del mundo, todo como consecuencia del contexto social y político de la Alemania de la época, y que se mostró al igual que en el resto de las artes expresionistas.
Uno de los principales temas es el de la tiranía. Según Martín Matus, en las películas expresionistas:
“Se puede rastrear de manera inequívoca la necesidad del pueblo alemán de la dominación tiránica (…) Esta era el único camino viable frente a la alternativa del caos anárquico de la libertad gobernada por el instinto. El tirano que por y para la concreción de su poder comete actos de violencia y crímenes y que, teniendo precedentes en “Homunculus”, podemos encontrar en la figura de Caligari, ordenando según su voluntad a Cesare asesinar a sangre fría, en el rabino Loew manipulando al golem, en “Nosferatu”, en Mabuse, y dentro de “El hombre de las figuras de cera”, en sus personajes Iván el terrible, Jack el destripador y Harún-al-Rashid. Puede ponerse en relación con esto el tema la lucha entre padre e hijo, y del conflicto generacional. También el de la figura del monstruo (el ser antinatural o artificial), ya sea tirano o dominado: la encontramos en el “Golem”, en “Cesare”, en “Nosferatu”, en Futura. El doble será otro de los temas recurrentes. Ya en “El estudiante de Praga de 19132 como consecuencia de un pacto con el diablo, la imagen en el espejo del protagonista toma independencia de él, convirtiéndose en su enemiga. (…) Caligari es por otra parte un respetable médico y Nosferatu es el Conde Orlock, un “burgués” que mediante un intermediario desea adquirir un terreno. Futura, la robot de Metrópolis, es el doble de la abnegada Maria” (Matus, Martín; El cine expresionista alemán; en http://www.temakel.com/cineexpresionista.htm).
Los decorados de “El gabinete del Dr. Caligari” fueron realizados por los artistas expresionistas Hermann Warm, Walter Roerig y Walter Reimann. Sus perspectivas son falseadas, hay calles que se pierden oblicuamente, los frentes de las casas son asimétricos y los interiores representan un espacio cerrado y asfixiante, intentado que el espectador se introduzca en la mente del protagonista, según señala Matus. Asimismo, en las películas expresionistas, los encuadres se asemejan al expresionismo en la pintura, utilizando diagonales en los decorados y en las figuras dispuestas en la pantalla.
En cuanto a la interpretación, esta es realista y busca afectar emocionalmente al espectador: “Cuando se quieren mostrar sentimientos (miedo, ira, deseo, etc.) se hace intentando exteriorizar estas emociones de la forma más extrema posible, a veces en forma violenta y abrupta, a veces con movimientos entrecortados y mecánicos, sumándole a esto, en algunos casos, un excesivo maquillaje” (Matus, Martín; El cine expresionista alemán; en http://www.temakel.com/cineexpresionista.htm).
El uso de una iluminación más compleja como medio expresivo del cine expresionsta, da origen la corriente Kammerspielfilm (Posee su origen en las experiencias realistas del teatro de cámara de Max Reinhardt, un director teatral), que se basa en un respeto de las unidades de tiempo, lugar y acción, en una linealidad y simplicidad argumental, y en la sobriedad interpretativa. La simplicidad dramática y el respeto a las unidades permiten crear unas atmósferas cerradas y opresivas, en las que se moverán los protagonistas.
Entre los representantes de esta corriente se encuentra Friedrich Wilhelm Murnau, que dirigió “Nosferatu” (1922). Este film cuenta el mito del vampiro y será una de sus obras cumbres. El conde Orlock, que se muda desde los Cárpatos a Europa, se enamora de una joven y comienza a beber de a poco su sangre para convertirla en su esposa. Pero ella se ve cada vez más enferma y su familia se contacta con el profesor Bulwer. Para diferenciarlo del Conde Drácula, no sólo se le cambiaron los nombres a los personajes sino que el vampiro no es apuesto sino pelado, con largos dedos y colmillos sobresalientes. Sin embargo el argumento es bastante parecido a “Drácula”, de Bram Stoker.
Otro de sus representantes es el austriaco Fritz Lang, que en 1919 estrenó la película “Die Spinnen”, pero alcanza el éxito con “Der mude Tod”, en 1921, que narra la lucha entre el amor y la muerte. Sin embargo su obra definitiva es “Metrópolis” (1926), donde presenta el juego entre espacios, volúmenes y claroscuros. Se muestra un mundo subterráneo opresivo, el pánico en la gran ciudad, el trabajo igual y constante de los obreros. La historia del film se desarrolla en el año 2000, en una ciudad de altos rascacielos en los que vive la clase dominante, mientras que los obreros están esclavizados trabajando bajo tierra. Freder (Gustav Frolich) es el hijo de Fredersen (Alfred Abel), un rico de la clase alta, pero se enamora de María (Brigette Helm), que vive bajo tierra. Freder ve cómo viven y decide reformar su modo de vida, pero Rottwang (Rudolph Klein-Rogge), un adinerado industrial, intentará prohibírselo creando un robot a la imagen de Maria. “Metrópolis” además definió a la ciudad del futuro como ambivalente: lujosa y brillante debido a sus imponentes construcciones, pero oscura y deprimente debido a cómo oculta lo que no se debe ver a simple vista. Es también una crítica tanto al positivismo como a las grandes ciudades.
Uno de los recursos más importantes es el uso de la luz, ya que se pueden encontrar “contrastes de luces y sombras, la iluminación repentina de un objeto o un rostro dejando el resto en penumbras como medio de enfocar la atención del espectador sobre aquel. La luz adquirirá aún más importancia en los últimos años de la guerra, debido a la escasez de recursos y pasará a tener un rol arquitectónico, que complementará los pobres decorados de tela” (Matus, Martín; El cine expresionista alemán; en http://www.temakel.com/cineexpresionista.htm). En general, en el cine expresionista, mas importante que la luz son las sombras producidas por ella, ya que, narran el cuerpo que las produce (como por ejemplo en “Nosferatu”).
La desmesura estaba asociada al cine de terror y fantástico. Hubo obras realizadas ya en la etapa del cine sonoro, por ejemplo, “M, el vampiro de Düsseldorf” (Fritz Lang). En la cinematografía moderna, sus representantes son Orson Welles y Andrzej Wajda.
VI. MUSICA
La música expresionista se desarrolló principalmente en el período de entreguerras. Los artistas buscaban poder expresar los terrores ocultos en el interior del ser humano, la ansiedad y el cinismo de la sociedad en la que estaban viendo. Los principales representantes fueron Arnold Schönberg, Alban Berg y Antón von Webern, que conformaron la Segunda Escuela de Viena. Entre sus obras expresionistas se encuentran las óperas “Lulú” y “Wozzeck”, de Berg, y en los monodramas “Die Erwartung” y “Die Glückliche Hand”. “Se caracteriza por el empleo del cromatismo y por la tensión expresiva, a menudo teñida de pesimismo” (El Expresionismo, en http://www.monografias.com/trabajos17/expresionismo/expresionismo.shtml). Otros compositores con características expresionistas fueron Paul Hindemith en Alemania, Béla Bartók en Hungría y Serguéi Prokófiev en Rusia.
Entre sus técnicas, emplearon composiciones muy estructuradas, con el propósito de generar gran emoción, y al igual que en la pintura, deformaron las técnicas convencionales: reemplazaron las armonías por otras melodías más complejas y disonantes. En este sentido, la música es atonal y producto de la distorsión. Se utiliza la polifonía, que generalmente en densa, y la melodía “prácticamente irreconocible” (El Expresionismo, en http://www.monografias.com/trabajos17/expresionismo/expresionismo.shtml).
VII. ESCULTURA Y ARQUITECTURA
En escultura se destacaron E. Barlach, W. Lehmbruck y el “November Group” (Grupo de Noviembre), que se creo después de la Primera Guerra Mundial y estuvo conformado por o. Freundlich, R. Belling, G. Marcks. Su objetivo era integrar el arte con la vida social.
La forma arquitectónica adquirió valor por sí misma, independientemente de su función. Los edificios fueron concebidos como organismos vivos, susceptibles de transformación. Entre las características del expresionismo en arquitectura se evidencia el movimiento y la búsqueda de la deformación, y la creación de fuertes columnas. Entre los principales arquitectos expresionistas se destacan H. Scharoum, O. Barning, Erick Mendelsohn, Hans Poelzig (que en 1919 costruyó el Grosses Schauspielhaus -Gran Teatro- en dónde Reinhart presentó obras ) y R. Steiner.
VIII. TEATRO
La influencia del expresionismo en el teatro se debió al influjo anterior en el cine. Se evidenció a partir de los decorados y la vestimenta de los actores, más que nada en obras dramáticas. Se consideraba que el autor, el actor y el público debían compartir la visión interior del autor para llegar a un tono místico que acentúe la mímica. El objetivo primordial era poder crear una escena en la que sólo importara el impacto final sobre las emociones del público.
Su representante más destacado aparece después de la Primera Guerra Mundial: Ernst Toller. También se puede destacar entre sus directores alemanes más reconocidos a Max Reinhardt y Erwin Piscator, y el ruso Vsiévolod Meyerhold.
La obra de Max Reinhardt estuvo en primer plano entre 1907 y 1919. En 1905 adquirió el “Deustches Theater” y lo reconstituyó, modificando el diseño escénico. Creo el Kammerspiele (representación de cámara), un nuevo concepto caracterizado por la intimidad del ambiente en el que se realizaba la representación, para una audiencia reducida. Su utilización de la luz en escena influyó luego en la iluminación característica del cine expresionista.
IX. CONCLUSIONES
El expresionismo, como bien sostiene de Micheli, es un arte de oposición. Pero no sólo oposición al positivismo y al impresionismo, sino, más importante aun, el expresionismo es oposición al contexto histórico, político, económico y social de principios de siglo XX. Allí donde los positivistas ven al nuevo siglo como sinónimo de una nueva vida plagada de avances científicos y comunicacionales, los expresionistas ven la pronta llegada de la guerra. Y saben que con la guerra viene la muerte, el hambre, la miseria, la desocupación, y el horror. Su arte es, sobre todo, una profunda crítica a las desigualdades que generó el sistema capitalista.
Las técnicas que emplearon en todas las artes en donde el expresionismo se hizo presente, guardan el mismo tenor: una crítica latente a la doble moral de la burguesía y al Estado en su ineficacia para terminar con el desastre que causó la Gran Guerra. Para ellos lo importante no es mostrar la realidad como la ven nuestros ojos (como el impresionismo) sino que creen que es necesario mostrar lo que oculta el alma del hombre: en el interior del ser humano hay soledad, hay miedo al fin del mundo, hay locura, hay desesperación.
Como bien afirma de Micheli, el expresionismo es un grito que genera silencio. Ese es el silencio de nuestra alma, y eso lo que el artista debe escuchar y hacerle comprender al espectador.
X. BIBLIOGRAFÍA
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- Grupo Clarín; Enciclopedia Clarín; Tomos 8, 10, 15, 20 y 24; Editorial Visor Enciclopedias Audiovisuales S.A.; Buenos Aires; 1999.
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- Informe realizado en mayo de 2008. Principales Corrientes del Pensamiento Contemporáneo; Cátedra Nicolas Casullo. Universidad de Buenos Aires; Facultad de Ciencias Sociales; Ciencias de la Comunicación.
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