I. INTRODUCCIÓN
A lo largo de este trabajo, tomaremos como objeto de estudio al CGPC Nº 13, ya que en su sede se pone en marcha en Plan Nacional de Prevención del Delito (PNDP), para actuar contra la inseguridad desde esta comuna. Daremos cuenta de los sentidos construidos en torno a los conceptos de delito, delincuente e inseguridad. Trataremos de determinar cómo se construye la identidad nacional y cómo se percibe el papel del Estado y de las instituciones a su cargo, para tocar el tema de la inseguridad, el papel activo (o pasivo) de los habitantes de la comuna, y dar cuenta de cómo influye (o no) el papel de los medios.
En el trabajo, aplicamos la metodología cualitativa. Entrevistamos a cinco unidades de análisis, para dilucidar cuál es su postura acerca de la inseguridad y cómo la perciben. Las entrevistas se realizaron entre el 6 y 11 de junio de este año. Una de las entrevistas se realizó al Sr. Alejandro Von Korff, coordinador general comunitario del PNPD; las cuatro restantes se realizaron a personas que concurren al CGPC Nº 13. Se trató de entrevistas semi-estructuradas, para dar espacio a la reformulación de preguntas que permitan interpretar sus discursos en profundidad. A diferencia del Sr. Von Korff, se mantiene el anonimato del resto de las unidades de análisis (se las identifica por su primer nombre). Las entrevistas pusieron de relieve importantes cuestiones referidas a la inseguridad del lugar en dónde viven, otros ámbitos, la figura del delincuente y su identificación, el papel que juegan los medios y el papel del Estado, como proveedor de seguridad y justicia.
Los ejes principales en los que se basan las entrevistas son:
- Percepción del lugar en donde se vive
- Papel del Estado y/o sus representantes
- Representación del delito
- Figura del delincuente
- Construcción de la identidad nacional
- Papel de los medios de comunicación
II. MARCO TEÓRICO
Para dar cuenta de los sentidos construidos con relación al par seguridad/inseguridad en el CGPC Nº 13, nos basaremos en textos de distintos autores, correspondientes a los cuadernos de lectura de la cátedra. Tomaremos como guía los textos “Agendas públicas y agendas periodísticas” y “Agendas policiales de los medios en la Argentina: la exclusión como un hecho natural”, de Stella Martini. Ambos textos en particular, nos acercan a la concepción del delito desde el sentido común, y también, aclaran el papel de los medios de comunicación como portadores del discurso oficial. También nos será relevante el texto “La crónica policial y el delito de ser menor en los medios de comunicación”, de Silvina Manguía. Para abordar la cuestión de la nación y la nacionalidad, nos basaremos en las definiciones que propician Bendict Anderson y Catherine Verdery, mientras que las teorías sobre el delito, explicadas por Gabriel Kessler, serán relacionadas con los sentidos expuestos por los vecinos entrevistados.
Vale aclarar que nuestro trabajo mantiene su perspectiva en tanto su metodología de análisis, con la descripción densa descripta por Clifford Geertz. La misma consiste en descubrir las estructuras de significación, en determinar su campo social y percibir su alcance. “La descripción etnográfica presenta tres rasgos característicos: es interpretativa, lo que interpreta es el flujo del discurso social y la interpretación consiste en tratar de rescatar “lo dicho” en ese discurso de sus ocasiones perecederas y fijarlo en términos susceptibles de consulta (…) Tiene una cuarta característica, por lo menos tal como yo la practico: es microscópica” (Geertz, 1973: 32). Por otra parte, tomamos la noción de “sentido común” desde los lineamientos de Antonio Gramsci. Según él, “el sentido común no es una concepción única idéntica en tiempo y en el espacio: es el «folklore» de la filosofía y, al igual que ésta, se presenta en innumerables formas. Su rasgo más característico es el de ser una concepción (incluso en cada cerebro individual) disgregada, incoherente, inconsecuente, conforme a la posición social y cultural de las multitudes de las que constituye la filosofía” (cfr. Gramsci, 1949).
III. C.G.P.C. Nº 13
Por el Decreto Nº 816, el Poder Ejecutivo de la Ciudad promulgó, en el Boletín Oficial del día 7 de julio de 2006, la creación de 15 Centros de Gestión y Participación Comunales (CGPC). La Ley Nº 1.777 transformó en comunas la organización político-administrativa de la Ciudad de Buenos Aires. A través de este decreto, los CGP (Centros de Gestión y Participación), dejaron lugar a los CGPC, que se organizan de acuerdo a los límites territoriales de la Ley de Comunas. Sin embargo, el decreto resalta que los CGPC tienen carácter de transición, ya que funcionarán hasta que asuman sus funciones las Juntas Comunales, previstas por la Ley Nº 1.777.
Los CGPC constituyen un canal para la participación barrial, a través de diferentes instancias que promueven el protagonismo colectivo y la búsqueda de soluciones en conjunto. Sus servicios, de carácter gratuito, están destinados a todos los ciudadanos residentes en la Ciudad de Buenos Aires. El organismo responsable de los CGPC es el Ministerio de Gestión Pública y Descentralización. En relación con la inseguridad, en la página web oficial correspondiente a los CGPC, figura la siguiente aclaración:
“¿Las comunas van a contribuir a solucionar los problemas vinculados a la falta de seguridad?
En este punto hay que tener en cuenta que las comisarías no dependen del Gobierno de la Ciudad, sino que, por imperio de la llamada Ley de Garantías, siguen bajo la órbita del Poder Ejecutivo Nacional. Esto no obsta que, en el ámbito de las Comunas, puedan crearse espacios de discusión vecinal relativos a estas cuestiones que contribuyan a generar propuestas de prevención del delito”. (en www.buenosaires.gov.ar/guiaba/guia/index.php?info=detalle&menu=2&id=1181)
Como mencionamos anteriormente, nos focalizaremos en el CGPC Nº 13, ubicado en Av. Cabildo 3067, Ciudad de Buenos Aires. El Director es Raúl Venturino. En particular elegimos este centro porque, entre los diversos servicios comunitarios que brinda, se encuentra el Plan Nacional de Prevención del Delito (PNDP). A través del mismo, se realizan reuniones barriales para la organización de los vecinos con vistas a reducir los delitos de la zona, a partir de la prevención. Las reuniones se llevan a cabo los días lunes, miércoles y viernes de 15 a 18hs.
El PNDP es un trabajo conjunto del Gobierno Nacional, los gobiernos provinciales, los gobiernos municipales y la comunidad. Procura prevenir los delitos callejeros y disminuir la sensación de inseguridad de los habitantes, creando un modelo participativo de gestión pública. El plan funciona, teniendo en cuenta los planes europeos, con la participación de la comunidad en la creación de políticas públicas y la prevención para disminuir aquellos factores que faciliten la perpetuación de los delitos. De esta manera, los vecinos participan en el diagnóstico sobre los problemas de seguridad que los afectan directamente y trabajan en la creación de propuestas, la ejecución de acciones y la evaluación de resultados. En relación a la seguridad, desde el Plan se afirma que “constituye una obligación del Estado y una responsabilidad de todos”.
IV. INTERPRETACIÓN DE LOS DISCURSOS
- PERCEPCIÓN DEL LUGAR EN DONDE SE VIVE
- PAPEL DEL ESTADO Y/O SUS REPRESENTANTES
- REPRESENTACIÓN DEL DELITO
- FIGURA DEL DELINCUENTE
- CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD NACIONAL
- PAPEL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Stella Martini sostiene que el estilo de la noticia policíaca presenta o una modalidad de denuncia o una modalidad asistencialista, construyendo un mecanismo discursivo de exclusión (cfr. Martini, 2002: 99): es de denuncia cuando se habla del delincuente y es asistencialista cuando se informa acerca de la víctima. La vida cotidiana de los vecinos se encuentra alterada por un factor externo, que incluso llega a naturalizarse, como algo propio del lugar. Cecilia comentaba que la zona de Belgrano “es una zona más” entre las inseguras, “porque está el tren, hay negocios, y hay gente con plata. Pero hay zonas así en todos lados. Hay inseguridad en todos lados y cada vez más”. Del mismo modo, Marcela admite que “pasa en todos lados. Argentina es muy insegura y Buenos Aires más aún”.
La naturalización del sentido se expande más allá de la zona en cuestión. Alejandro Von Korff, ante la pregunta de por qué Belgrano es una zona conflictiva, nos dijo que “es la zona de la estación de ferrocarril. Digamos siempre los ferrocarriles siempre son altamente conflictivos”. De esta manera, Belgrano no se diferencia del resto al ser conflictiva por tener ferrocarril, sino que, de acuerdo a lo que el Sr. Von Korff dijo, todas aquellas zonas que tengan ferrocarril serán consideradas como “conflictivas”. Se registren o no conflictos reales, los vecinos tenderán a designar a esa zona como conflictiva y como vía de escape de los delincuentes. Por ejemplo, Norma sostuvo que “robos hay en todos lados”. Más adelante, explicó: “ahora no creo que haya zonas más seguras que otras. Si vivís cerca de una villa creo que puede llegar a ser más inseguro. Pero no hay nada seguro lamentablemente. Sino mirá los countries, que ahora los asaltan cada dos por tres”.
El sentido acerca de la inseguridad no sólo se afianza en la comuna, sino que se extiende geográficamente, a partir de lo expresado por los entrevistados. Aldo expresó: “sí, me mudaría, pero por el momento no puedo”. Lo que alguna vez se vio como una posible solución a los problemas, se convirtió, desde la perspectiva de los vecinos, en una calle sin salida.
Las noticias acerca del delito no sólo exponen una realidad, sino que, al mismo tiempo, interpelan a cada una de las personas del público para que se pregunten cómo se protegen ante la amenaza “constante” del delito, cómo exigen sus derechos al Estado y cuál es la responsabilidad que a éste le corresponde ante la inseguridad de la zona. Cuando a Cecilia se le preguntó si cree que la inseguridad tiene solución, respondió: “creo que tiene solución, pero que también es algo que depende del gobierno. Porque no puede ser que uno tenga que ponerse a buscar soluciones que el Gobierno te tiene que dar por sí mismo, es un derecho”. Y añadió que la responsabilidad de proponer soluciones y ponerlas en práctica es “del Estado. Uno puede proponer, pero el papel es pequeño. Quién puede influir es el Estado y además, es su deber”. Por otro lado, Norma afirmó que “la seguridad es cuestión de todos. Hay mucho robos y uno no puede estar esperando que el Estado o quién sea actúe porque si se espera, las cosas siguen pasando y yo creo que cada uno puede poner su granito de arena” . Además agregó que “hacen falta políticas y alguien que sea responsable de ejecutarlas. Poner más policías, vigilar, hacer alianzas entre vecinos, educar a la gente y hacerlas trabajar (…) No me parece que tenga que pagar por mi seguridad porque el Estado debería dármela” . Así se observa que ambas entrevistadas sostienen que la seguridad es un derecho, y los gobernantes deben velar por él; sin embargo, ante la falta de acción y de políticas adecuadas, es el vecino quién toma las riendas y vela por su seguridad y la de su familia. Según Martini, en la sociedad, las imágenes cotidianas del delito justifican los relatos expuestos en los medios de comunicación que piden penas más duras y leyes que se apliquen, creando “políticas de discriminación social” (más adelante retomaremos este tema). Asimismo, sostiene que hay una “alta dosis de violencia” en los delitos que llegan a las páginas de los diarios, y/o que se exhibe la complicidad de las fuerzas policiales. Alejandro Von Korff, responsable del PNPD, nos decía que “tanto en los chicos de zonas pobres como los chicos de zonas ricas se nos daba una misma cosa: que todos le tenían miedo a la policía. O sea tanto el pobre como el rico te marcaban que les generaba mas sensación de inseguridad era la misma policía, entonces bueno algo pasa” . En relación al papel de la policía, comentó que la policía no debe reprimir, sino prevenir: “tiene que ser preventiva y para eso tiene que tener las herramientas y la capacitación. Más o menos como llevamos seis años de laburo, casi siete años en la calle, los coordinadores nuestros, desde ya, tienen relación con los comisarios, algunos son más diplomáticos, otros más duros, pero mayormente hay una respuesta mínima de la policía” .
La organización de las reuniones sólo es una herramienta de prevención donde se invita a la participación de los vecinos a través de la organización de asambleas, como lo dice Alejandro Von Korff: “(…) todos los CGP tenemos un coordinador, se toman 8 manzanas con un cronograma (…). Durante dos semanas se hace una encuesta de victimización, pero es directa, van a tu casa timbrean (…) No nos interesa que nos digan: “no, yo escuché que…”. No, vos o tu familia fueron victimas, porque los otros mecanismos te generaban una distorsión de la información (…) Una vez que tenés armada las encuestas, lo resultados, acá se sistematiza, salen las famosas “tortitas”, las estadísticas y todo eso con un manual de redes, que se le entrega al vecino en una primera asamblea, vas invitando al vecino a una asamblea vecinal. En esa asamblea vecinal se trabaja el resultado de la encuesta (…) Entonces, vos tenés un pre-diagnóstico con eso donde vos podes determinar realmente que está pasando en el barrio” .
A partir de las declaraciones de los entrevistados, se puede verificar que se le da una importancia preponderante al papel del Estado y del Gobierno en torno a la inseguridad, ya que la falta de políticas sería una de las principales causas. Además, el rol que juegan los vecinos es también de vital importancia. Se nota la responsabilidad ante la vida de cada uno, como por la de los demás: “Si no te reunís y haces algo por vos y tu familia, no podés estar esperando a que alguien lo haga por vos. Lamentablemente es así“ (Cecilia).
Algo es noticia porque rompe con el statu quo: el delito siempre es noticia, más aun cuando la violencia y la corrupción se hacen presentes. Las noticias que llegan a los medios de comunicación pueden definirse como “buenas” o “malas”. La normalización del sentido se da cuando se identifica a las malas noticias, porque si éstas existen es porque hay “gente mala” entremezclada con la “gente buena”, y entonces uno debe prevenirse (según el discurso oficial). Cecilia nos comentaba que en el barrio “hay robos, asaltos a mano armada, en los negocios, en la gente que va por la calle. Si te distraes te roban la cartera, por ejemplo. Tenés que tener mil ojos hasta cuando salís a hacer las compras. No es tanto de noche, sino más que nada a la tarde. En los horarios pico, te roban la cartera. En los horarios donde hay menos circulación de gente, te asaltan directamente” . En este sentido, no sólo está internalizado el hecho de que existe la posibilidad de sufrir un robo porque existen las personas “malas” que lo llevarán a cabo, sino que también, la naturalización del sentido produce una naturalización de los horarios en los cuales uno debe moverse. La vida parece determinada por el temor que otro nos robe: para prevenirse hay que alterar el desarrollo normal de la vida cotidiana. A propósito, Marcela comenta: “antes de entrar a casa miro para todos lados, ahora que estoy acá parada con ustedes hablando, estoy mirando para todos lados, no sé… me agarro la cartera, son varias las cosas que una hace que hasta ya le sale instintivamente, una ya no las piensa como está tan acostumbrada a hacerlas…”.
Según Martini, en las noticias sobre el delito, el énfasis aparece en la amenaza latente del peligro de ser asaltado y en el delincuente caracterizado como una persona en contacto con la pobreza, que actúa, la mayoría de las veces, en soledad. Se construye un par de actores opuestos: el delincuente y el ciudadano, y sólo uno pertenece al orden legal ( “acá la mayoría de la gente se viste bastante bien” – Marcela). La misma construcción se realiza para el espacio geográfico: hay zonas peligrosas (por fuera de la ley), y zonas normales (amparadas por la ley).
El delito y el sentimiento de miedo ante el crimen, suelen engendrar reacciones emocionales y dar lugar a cambios de conducta destinados a protegerse contra actividades criminales. Hay acciones desde la sociedad civil que tienden a ocupar el lugar que antes ocupaban las instituciones del Estado (como los CGPC), los ciudadanos son los que construyen las estadísticas y relevan el estado de la zona (cfr. Contursi y Arzeno, 2006). Los entrevistados enfatizan el hecho de la construcción de redes vecinales: no sólo se afianzan los lazos fraternales sino que, debido a esto, se puede identificar al “otro sospechoso”. Alejandro Von Korff, acerca del papel de los CGPC, dijo que en las asambleas vecinales “se trabaja el resultado de la encuesta, porque en realidad vos al no tener policía propia, al no tener justicia propia y además por la filosofía propia del plan, no estamos para ser policía ni estamos para reprimir el delito. Estamos para tratar de evitar o generar las condiciones para que se cometan la menor cantidad de delitos posibles dentro de determinadas cuadras” .
También se cambian las formas de interacción social, extendiendo las funciones de protección hacia los sectores que deben ser protegidos. Los mapas de delito construidos directamente por los habitantes de la zona, marcan una barrera que divide a quienes producen el riesgo de aquellos que lo sufren (otra dicotomía). Por otra parte, se afirma que la propia búsqueda de protección conlleva a que se implante aun más la sensación de inseguridad: estar protegido es también estar amenazado (cfr. Contursi y Arzeno, 2006).
Se llega a la sensación de inseguridad, también, a través de la experiencia indiciaria que permite que el vecino ya no sea victima, sino que sea un vecino activo en alerta (que es el papel que los vecinos desempeñan en el CGPC Nº 13, con el PNDP). Cada persona lee los índices (cuya lectura se acentúa en los tiempos de crisis, según Anibal Ford [1]), para poder protegerse. Se observan índices de situaciones o de personas peligrosas y se producen índices para camuflar otra situación (por ejemplo, en una casa vacía, se prenden las luces o se junta la basura para que parezca que hay gente allí). Además, a través de la lectura de índices, se puede estigmatizar [2] a una persona como “sospechosa”, “extraña” o “ajena a la zona”: “Uno no los puede identificar bien a veces porque son gente como uno, y se mezclan en el tumulto de gente que siempre anda por acá. Te empujan y chau: te robaron. Y uno ni se dio cuenta. Entonces si no los podés identificar bien bien, por lo menos hay que prevenirse” (Norma). Aunque en algunos casos se llega a confundir el prejuicio y la estigmatización con la identificación de un sospechoso.
La figura del agente de seguridad se fragmenta y se multiplica, debido a la participación ciudadana. Se fragmenta porque puede tener ojos y oídos donde no se encuentra físicamente y se multiplica porque pasa a estar siempre presente debido al funcionamiento de la red solidaria de vecinos (cfr. Contursi y Arzeno, 2006). A pesar del seguimiento vecinal, no existen estadísticas que muestren el resultado positivo del plan. Alejandro Von Korff asegura: “la medición a nivel ciudad no te puedo decir, no nos alcanza con este trabajo que hacemos porque lo implementamos hace muy poco, pero donde armaste la red hasta un 50, 60 por ciento bajó” . Y destaca: “el tema es lograr que la gente quiera participar y que se sostenga en el tiempo. Porque si vos armás una red porque estás asustado, porque te pasaron cosas, la armaste y bajó, y después no te juntas más. Esa red tiene que tener vida y la vida se la va a dar el vecino, no se la va a dar el gobierno” , afirmando también la necesidad en la construcción de lazos entre los participantes de la red.
Según los entrevistados, los delitos más corrientes en zona son robos y asaltos, tanto en la calle como en los comercios, como lo destaca Aldo: “los constantes robos a los comercios y a la gente misma en la calle a plena luz del día” . En razón de esta temática, Alejandro Von Korff dijo: “la gran parte de los delitos en los barrios son delitos de rateritos, no son bandas organizadas o sofisticadas (…) Tenés distintos problemas como podes tener en cualquier barrio: el tema de arrebatos o en las salidas de los colegios. Podes tener algún problema con los chicos, por ahí que tenés alguna barrita que roba o los arrebata o los aprieta para poder sacarles la mochila” .
Por lo tanto, en la zona que cubre el CGPC Nº 13, se considera como delito a los robos de carteristas y asaltos a mano armada a los negocios, principalmente. A pesar de que alguno de los entrevistados mencionó la cercanía del tren, no parece ser este un tema significativamente conflictivo. Es considerable la apreciación que se hace sobre la construcción de lazos entre los vecinos para asegurar la prevención ante la inseguridad.
Stella Martini sostiene que las noticias son un “agente fundamental en la normalización o naturalización del sentido” (Martini, 2002: 89) porque, la legitimidad histórica de la prensa la convierte en una “voz autorizada”, y el discurso que reproduce es el oficial. En este sentido, las representaciones que se tienen acerca del delito o de los delincuentes, no varían mucho entre los entrevistados. Por ejemplo, al preguntarle a Cecilia quiénes cree que son los que llevan a cabo los delitos, dijo: “Del barrio no son. Aunque, por ejemplo, los carteristas es difícil reconocerlos, más o menos los tenés vistos. Pero no, de acá no son seguros. Porque te das cuenta. Vienen todos tapados, con gorrito, bufanda, y sucios a veces. Aunque también están los que vienen con traje y te roban. Son polos opuestos y ya no sabés a qué atenerte. En las reuniones discutimos sobre esto. Contamos las novedades, si vimos a alguien que siempre roba, y lo caracterizamos mas o menos igual, nos damos cuenta que es la misma persona y podemos estar alertas” , dando también cuenta del papel que juegan las percepciones del resto de los vecinos, para luego realizar estrategias que les permitan protegerse contra el “otro desconocido”, que implica un peligro para su supervivencia. Norma también sostuvo que es difícil distinguir a los que delinquen, pero “más o menos te das cuenta, si están desarreglados y con cara rara… te das cuenta enseguida. Porque además nos conocemos entre nosotros, sabes quiénes son del barrio y quiénes no” . Sin embargo Marcela no confía en que se conozcan todos en el barrio, “hay un montón de gente nueva, muchos edificios entonces no conocés a todos” . Sin embargo, al comentar acerca del siniestro de su auto en el 2006, aclaró que “los que me robaron a mí, ni idea… Pero de acá no eran, más que seguro que son de una banda que se dedica a eso, viste que después lo llevan al desarmadero y lo venden por partes” .
Alejandro Von Korff comentó que hay que diferenciar entre el marginal y el pobre, porque “el pobre todavía esta dentro del sistema, el marginado ya lo echaste del sistema” . Para él, el “fenómeno post Menem” provocó un fuerte crecimiento de la desocupación, que generó el nacimiento de los cartoneros. En relación con el “Tren Blanco”, explicó que la gente de clase media porteña “no está acostumbrada a este fenómeno y le genera miedo, un gran miedo que vos ves pobres y ven un asentamiento, y les generan miedo, y a su vez vienen con el tema de la desmoralización y deviene a su vez en donde la casa, si me ponés un asentamiento al lado, ya mi casa no se la vendo a más nadie. Hay verdades de los dos lados (..) Qué pasa: detrás del cartonero se esconde el chorro, entonces, hay que separar qué es lo que a vos te cuesta separar en una sociedad: una cosa es el delincuente y otra cosa es el chorro” . Y para él, tampoco hay forma de distinguir, en este caso, al pobre del delincuente: “No, no tenés forma de distinguirlos, porque los tipos te van a andar también con el carrito, te afanan picaportes, te afanan. Hay barrios incluso que se han llevado los medidores de gas, de todo. Por ahí son tipos que baten y sirve para que venga otro y después comentan el delito. Lo que no se puede caer es en el error de pensar que todos los pobres son chorros, es el prejuicio de la sociedad” . Las estrategias utilizadas son de las más variadas, además de tener la ventaja de múltiples vías de escape por las distintas avenidas y demás servicios de trasporte (colectivos, taxis, subtes).
La tematización de los delitos produce la estigmatización de delincuente: la sociedad afectada se siente insegura y repudia al sospechoso, que es excluido del sistema. “Los individuos que portan el estigma del crimen (o aquellos que portan al menos la sospecha) pasan por sobre los derechos individuales y a la vez pierden sus propios derechos. Y aquellos sospechosos por estar incluidos en la categoría de pobreza –marginación unida a la pertenencia a una geografía urbana también marginal- han de ser sometidos a control” (Martini, 2002: 100). A propósito, Marcela hace referencia al hecho que “el que roba no es de acá sino que viene de otros lados a robar, de la provincia, de acá cruzando la Gral. Paz, de las villas, y bueno hay extranjeros también… de todo” . Von Korff dijo que cerca de la estación de tren de Caballito “había un galpón también abandonado, habían usurpado, hubo que desalojarlo, se volvió a usurpar, de nuevo tuvo que desalojarse. Se trató de levantar paredes. Este, bueno, se tuvo que terminar tirando el galpón abajo” , dando cuenta de la estigmatización de los indigentes y cómo se ven perjudicados sólo por portar un estigma que los confunde con delincuentes.
Asimismo, las modalidades discursivas construyen una imagen: “hay criminales por portación de cara, que es, en realidad, y por obra del darwinismo social, un tema de portación de clase, y que es también portación de individualidad conflictiva y desviada” (Martini, 2002: 101). La pobreza se termina asociando con la delincuencia y el discurso de los medios “celebra” a aquellos individuos pobres que no han caído todavía en la tentación del delito. Los delincuentes que salen de los parámetros que dictan tanto los medios como la sociedad, son diferenciados como “anecdóticos” o, en el mejor de los casos, no se los toma como delincuentes. “El discurso normal plantea la discriminación desde las modalidades con que se construye a los implicados: nunca un estafador (que puede llegar a ser un asesino como varios hechos criminales lo demuestran) es un “malviviente” ni es “brutal” ni “salvaje”, como sí lo es un asaltante que toma rehenes en un establecimiento público”. (Martini, 2002: 94)
Las teorías del control social sostienen que si una persona delinque es porque hay lazos que se han roto: lazos que los unen a la familia y a la sociedad. Por ejemplo, Norma, ante la pregunta de quién cree que puede llegar a ser un delincuente, respondió: “alguien sin educación creo yo. Sin trabajo, sin familia que los guíe” . Cecilia afirmó: “quiero suponer que roban porque no tienen otra salida. Sin embargo, esa no es la solución, obviamente. Es gente sin educación y sin respeto por el otro” . En este sentido, las políticas preventivas deberían dirigirse a corregir estas falencias y a terminar con los déficits de socialización.
Alejandro Von Korff, en referencia al Plan “Comunidades Vulnerables”, comentó la experiencia:
“(…) Un programa que trabajamos con 30, 40 pibes por villa, lo que pasa que por una cuestión de presupuesto y falta de personal no podemos hacerlo mucho más masivo, pero bueno, es lo que tenemos y es con lo que sabemos trabajar. Qué es lo que se hace: primero se hace un reconocimiento de zona, tenemos operadores que son psicólogos, sociólogos, abogados que son los que trabajan en “comunidades vulnerables”, entonces vos guardás una villa determinada, tenés contacto y siempre hay alguien que más o menos capitanea, entonces hablás con ellos y llevás tu propuesta de laburo. Se labura, entonces, con un grupo de 20 o 30 de pibes, depende de la zona, mayormente siempre queremos trabajar con los sectores de pibes o que ya han tenido conflicto con la ley o que están ahí, viste, que en cualquier momento “salgo o no salgo”. Se hace un trabajo primero de sensibilización previamente, se habla con los pibes, se los escucha (…) es el grupo el que lo acompaña al pibe en su problema, salvo que necesite un tratamiento (…) Lo que queremos es que se lleven el concepto de solidaridad y el consejo de que unidos van a salir adelante mucho mejor que en forma individual. (…) En función de las inquietudes que van surgiendo en estos grupitos, se van formando los proyectos: que se yo, un grupo está en la construcción de una escuela, se les da el material y ellos están levantando la escuelita, en otro caso armaron un centro cultural, se toma una casilla o algo, se lo mejora un poquito y se arma el centro cultural, y ahí, bueno, desarrollan actividades como ayudar para estudiar a otros o música, lo que a ellos lo saque. Porque el problema muchas veces de ellos, es al no tener trabajo y no estudiar, esas horas de ocio, con todo ese tiempo es tan es cuando la cabeza les hace así, hacen boludeses, entonces esa maquinación al pedo que tienen en la cabeza esos pibes es concentrar ese esfuerzo en algo, en algo que a vos te va a hacer vivir, y vas a ver un resultado y que va a permitirte mostrarte hacia el resto de la sociedad”.
A su vez, la Teoría del Etiquetamiento, afirma que para que exista el “etiquetamiento” propiamente dicho, debe haber alguien que lo disponga. Por ejemplo, Norma decía que no se sabe con exactitud quiénes llevan a cabo los delitos, pero “más o menos te das cuenta, si están desarreglados y con cara rara… te das cuenta enseguida. Porque además nos conocemos entre nosotros, sabes quiénes son del barrio y quiénes no”. Marcela, aún más explícitamente, dijo: “Y te das cuenta por la cara, la gorrita y todo eso, igual esos son los pungas, los que te roban la cartera; después tenés los que te roban todos los días y los ves de traje y corbata dando discursos y encima uno los tiene que elegir que eso es lo peor”. El etiquetamiento no sólo se verifica en las personas que lo portan, sino que también se puede apreciar en los lugares. Así como Norma dijo que ni siquiera los countries son ahora seguros (menos los lugares cercanos a las villas), en una nota de diario Clarín se sostiene que “La característica principal que llevó a la gente a elegir estos lugares fue la seguridad. Pero en los últimos tiempos eso parece haberse quebrado” [3], contribuyendo a incrementar la situación de inseguridad. En otra parte de la nota, se acentúa en letra negrita que las ventanas de las casas del contry “Los Pingüinos” (que ha sido robado) no tiene rejas. De esta manera, se está insinuando que la culpa es también de las personas, por ser desprevenidas.
Entonces, se puede verificar que la construcción de la figura del delincuente, no sólo depende de la propia experiencia, sino que también tiene en cuenta la opinión de los medios para su construcción.
De acuerdo con Anderson, las nociones de “nacionalidad” y de “nación” serían producto de una clase particular y tendrían que ver con la cultura de esa clase. Lo que generan son lazos profundos entre los miembros de la clase, desde la misma creación del concepto. La nación se define como “una comunidad política imaginada como inherentemente limitada y soberana“ (Anderson, 1983: 23). La nación es imaginada porque los miembros nunca podrán conocerse en su totalidad, sin embargo, tienen una imagen en su mente, con un sentido de comunión: algo que los une entre sí, y que los hace “iguales” y “compañeros”. Norma comentó que a veces no se puede identificar quién es el delincuente por la cantidad de gente que transita en Belgrano. Sin embargo, sí se pueden identificar entre los vecinos y excluir al diferente: “Y acá mucho no sabés, no los podés identificar tan fácil por la cantidad de gente que siempre hay. Pero más o menos te das cuenta, si están desarreglados y con cara rara… te das cuenta enseguida. Porque además nos conocemos entre nosotros, sabes quiénes son del barrio y quiénes no”. A pesar de lo dicho anteriormente, agrega: “El barrio chino está cerca. Y viste lo que dicen de la mafia china, que está acá en el país también. Nunca se sabe”, generando un discurso excluyente del otro en un sentido nacionalista.
Verdery afirma que, como símbolo, la nación legitima acciones sociales y movimientos con propósitos diversos. La nación actúa como símbolo porque tiene un significado ambiguo y porque su uso evoca sentimientos en común formados a lo largo del tiempo (al igual que afirma Anderson). Asimismo, el nacionalismo es la utilización política del símbolo nación, a través de los discursos y de la actividad. El nacionalismo, en este sentido, es un discurso homogeneizante y clasificador. Por un lado, incluye a las personas que tiene cosas en común, y por el otro, está excluyendo a todo el resto: “etnicidad, raza, género y clase pueden ser vistos, igual que nación, como aspectos de formación de la identidad, pero son también, al mismo tiempo, ejes de clasificación social, que frecuentemente aparecen unos sobre otros, interactuando de modos complejos” (Verdery, 1996: 27).
En relación con los medios de comunicación, según Martini, las noticias generan fragmentación, discriminación social y exclusión, en vez de cohesión de la sociedad, debido a que construyen a sus agentes en pares de opuestos: el pobre y el rico, el ciudadano que paga sus impuestos y el delincuente, etc. Siempre estamos dentro de una dicotomía que se tematiza de la mano de lo que se considera noticia: el delito, que rompe con el statu quo.
En contra de las divisiones y las formaciones de dicotomías, en los CGPC, según Von Korff: “las redes tienen una doble función: volver a recuperar el tejido social, o sea, es volver a recomponer el sentido social y solidario en una cuadra o varias cuadras, cosa que se perdió mucho hoy…”. Dice que la inseguridad: “… de alguna forma arranca con la dictadura y se profundiza bajo la el gobierno de Menem, es la exacerbación del individualismo ¿no? Rompemos las ideologías, rompemos la solidaridad, somos todos seres individuales. Hay que volver a recuperar el concepto de grupo, de equipo”.
Con respecto a las medidas preventivas, una victima o un damnificado culposo son aquellos que no toman los recaudos de prevención ofrecidos de forma gratuita. Ante la pregunta “¿Cree que lo que sucede sólo pasa en este barrio o también en otros?”, Aldo dijo: “Creo que si, la inseguridad está en todos lados, tanto en un lugar como en otro y encima la gente es descuidada”. Para él, una de las causas es la irresponsabilidad de la gente. Aunque cree que, al igual de los otros entrevistados, que los trabajadores, los comerciantes, son los más damnificados. Norma agrega a la lista a las ”mujeres, en su mayoría… por la cartera… Personas mayores también. Se aprovechan, ¿viste? Del más débil”. Con esta declaración podemos decir que, entre los estigmas que persisten, está incluido el de mujer como sinónimo del sexo débil.
En “Agenda pública y agenda de los medios”, se define a las agendas públicas o sociales como aquellas que se refieren a las problemáticas que preocupan a los individuos de una sociedad determinada, y sobre los que se ha instalada un estado de opinión. Para que un tema esté en la agenda, se necesita información sobre él. La información proviene de los medios de comunicación, de la experiencia directa de los sujetos o del relato de las experiencias de terceros. En este sentido, Norma comentó que se entera de los delitos del barrio “por la televisión, el noticiero. Y las reuniones también. Siempre te enterás, se comenta en el barrio si pasó algo en la zona, en los comercios”.
Stella Martín y Jorge Gobbi definen a la agenda de los medios como “media agenda-setting”: “el listado de temas que los medios jerarquizan como relevantes y noticiables en cada edición de su oferta informativa al público” (Martini y Gobbi, 1998: 47). Asimismo, la agenda, al jerarquizar determinados temas, construye una visión del mundo, porque “ordena la realidad”, y “plantea los temas sobre los cuales los lectores tendrían que pensar o discutir” (Silvia Manguia, 2004: 03). Sin embargo, este orden depende en gran medida de los criterios de noticiabilidad del medio y del contrato de lectura que tenga con su respectivo público. Al preguntarle a Marcela acerca de la influencia de los medios respondió: “una semana los noticieros se la agarran con los viejos, entonces hay ola de asalto de viejos, la otra se las agarran con… no sé, los autos robados, la otra con que los peruanos venden droga, entonces desbaratan banda de peruanos… y es así, claro que influyen”. El orden de importancia de las noticias y la visión del mundo que imponen, produciría también una sensación de inseguridad. El aumento de notas policiales en los medios no sólo informa, sino que también produce alarma en la sociedad (cfr. Manguia, 2004):
“En la tele siempre están diciendo “hubo un robo acá, otro allá”. Entonces, ves que siempre pasa algo…” (Cecilia).
“Todos los días me entero de que algo pasó. Por una amiga, por la tele, por donde sea, siempre algo pasa” (Norma)
“El diario lo lee mi marido, pero yo veo la tele en casa y escucho la radio en el auto, mucho tiempo para leer no tengo, así que…ah! Y de las cosas acá del barrio me entero cuando voy a hacer las compras a los chicos del almacén, ahí te enteras de todo.” (Marcela)
El diario Clarín del día 23 de julio del 2006, publicó una nota titulada “Los vecinos de la Capital se sienten cada vez más inseguros”, contribuyendo desde el título a la creación y a la implantación de la sensación de inseguridad en los vecinos del lugar. Según Stella Martini “las noticias sobre hechos policiales aportan normalización de los discursos hegemónicos, se constituyen en potenciales relatos de control social al expresar la necesidad de vigilancia y de “mano dura” y justifican prácticas y políticas de exclusión” (Martini, 2002: 89). Esto mismo se puede ver ejemplificado en el cuerpo de la nota: “Más allá de los discursos, las promesas y los cambios de leyes, los vecinos de la ciudad de Buenos Aires se sienten cada vez más inseguros: una encuesta realizada por el Gobierno, a la que accedió Clarín, revela que más del 88 por ciento de los porteños cree que es probable que le toque sufrir algún delito. El porcentaje no sólo es el más alto desde la crisis de 2001, sino que además demuestra que hoy los habitantes de Capital Federal perciben la misma falta de seguridad que los del conurbano bonaerense” . No sólo se instala la sensación de inseguridad (legitimada mediante el uso de letra negrita) sino que, implícitamente, se llama a que los discursos no sean sólo palabras y que las promesas sean cumplidas, al igual que las leyes.
De acuerdo con Silvia Manguia, los discursos acerca de la inseguridad, la inclusión del testimonio del “vecino común” y del riesgo de la vida cotidiana, se integran a la agenda del medio, y contribuyen a la implantación de los imaginarios.
V. CONCLUSIÓN
Nuestra primera elección fue el CGPC Nº 6, correspondiente a Caballito, pero al llegar, guiados por la información de la pagina web oficial del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, descubrimos que, tanto en este CGPC como el Nº 15 (Almagro), no cuentan más con el Plan Nacional de Prevención del Delito. Por cortes presupuestarios en ambas comunas, los responsables dejaron de organizar las reuniones vecinales. El Ingeniero Eugenio Colombo, uno de los responsables, fue reasignado al CGP Nº 13 (analizado en este trabajo). Allí una de las vecinas, la Sra. Mariela, está organizando un grupo de forma marginal para continuar con la prevención en el barrio. A pesar de tener sus datos, no la pudimos contactar. Luego, el señor Alejandro Von Korff nos informó que están preparando a una persona para cubrir el puesto. De esta forma, en la búsqueda de los CGPC con PNPD en vigencia, elegimos el Nº 13.
A pesar de las dificultades, hemos encontrado que los vecinos quieren luchar por la seguridad de sus familias y lo demuestran en las reuniones de las comunas. Sobre los relatos que hemos analizado, podemos llegar a concluir que en los medios hay realidades que son percibidas de primera mano por los vecinos del barrio (aunque en parte construyan la agenda de opinión publica). Resulta evidente el prejuicio hacia determinadas personas y lugares, debido a los indicios y preconceptos que funcionan como disparadores de una “realidad imaginaria”, hace que los vecinos de la zona tomen distancia de determinadas situaciones y actores de la sociedad (los “otros diferentes”). Sin embargo, puede considerarse que si la sensación de inseguridad es sólo una “sensación”, entonces estos vecinos no seguirían reunidos y trabajando juntos para concretar distintas maneras de ayudarse mutuamente. Además, aun persisten las estigmatizaciones de pobreza como sinónimo de delincuencia, pero éstas no sólo dependen de la información del boca a boca informal de los vecinos, sino que los medios lo explotan en una búsqueda de aumento financiero y económico.
Lo ideal sería encontrar la manera de apartarse de los estigmas y de las “sensaciones”, para verificar fehacientemente lo que ocurre alrededor y la manera de solucionarlo de manera definitiva, no sólo desde el lugar de vecinos, sino como ciudadanos comprometidos con el bienestar del barrio, sin importar el cargo político o la profesión o tarea que desempeñen, ya que todos somos ciudadanos.
VI. BIBLIOGRAFÍA
- Anderson, Bendict (1983): “Introducción” y “Conceptos y Definiciones”. En Comunidades Imaginadas. Reflexiones Sobre El Origen Y La Difusión Del Nacionalismo. México, Fondo de Cultura Económica, 1993.
- Contursi, María Eugenia y Arzeno, Federico (2006): “Discursos Sobre La Inseguridad: La Redifinición De La Ciudadanía De Los Nuevos Agentes De Seguridad Del Barrio De Saavedra”. Buenos Aires, mimeo.
- Ford, Anibal (1994): “Conexiones”. En Navegaciones. Comunicación, Cultura, Crisis. Ed. Cit.
- Geertz, Clifford (1973): “Descripción Densa: Hacia Una Teoría Interpretativa De La Cultura”. En La Interpretación De Las Culturas. Barcelona, Gedisa, 1987.
- Gramsci, Antonio (1949): “Introducción”. En La Política Y El Estado Moderno. Barcelona, Planeta – De Agostini, 1993.
- Kessler, Gabriel (2004): “Glosario: Las Teorías Sobre El Delito”. En Sociología Del Delito Amateur. Buenos Aires, Piados.
- Manguía, Silvina (2004): “La Crónica Policial Y El Delito De Ser Menor En Los Medios De Comunicación”. En Actas VII Congreso Latinoamericano de Investigadores de Comunicación. La Plata, ALAIC/ Universidad Nacional de la Plata.
- Martini, Stella (1994): “La Comunicación Es Interacción. Cuando Comunicar Es Hacer: Interaccionismo Simbólico, Erving Goffman Y Apuestas En Juego”. Buenos Aires, Documento de Cátedra.
- Martini, Stella y Gobbi, Jorge (1998): “Agendas Públicas Y Agendas Periodísticas”. Buenos Aires, Documento de Cátedra.
- Martini, Stella (2002): “Agendas Policiales De Los Medios En La Argentina: La Exclusión Como Un Hecho Natural”. En Gayol, S. Y Kessler, G. (comps.) Violencias, Delitos Y Justicias En La Argentina. Bs. As., Manatial/UN Gral. Sarmiento.
- Sanjurjo, Luis y Tufró, Manuel (2004): “Ampliación Del Campo De Batalla. La Construcción Discursiva De La Subjetividad ‘Cartoneros’en La Disputa Por El Espacio Público”. En Actas III Jornadas Nacionales Espacio, Memoria, Identidad. Universidad Nacional de Rosario, 2004.
- Verdery, Catherine (1996): “¿”Nación” y “Nacionalismo”?”. En Belakrishnam, G. (ed) Mapping the Nation. London/New York, Verso/ New Left Review, traducción por Gabriela Constanzo y María Eugenia Contursi, 2003.
INFORMACIÓN EN LÍNEA
- www.buenosaires.gov.ar/guiaba/guia/index.php?info=detalle&menu=2&id=1181 Última Visita: 29 de Mayo de 2007
- http://www.barriada.com.ar/Comunas/Comunas.htm# Última Visita: 29 de Mayo de 2007
- http://www.pnpd.gov.ar/Sintesis.htm Última Visita: 29 de Mayo de 2007
- http://www.buenosaires.gov.ar/areas/descentralizacion/cgp/infocgpc.php?id=13 Última Visita: 08 de Junio de 2007
- “En seis años bajaron los delitos en la Provincia, aunque en 2006 hubo un leve aumento”, en: http://www.clarin.com/diario/2006/11/09/policiales/g-05101.htm Última Visita: 11 de Junio de 2007
- Murga, Santiago: “¿El tiro por la culata?”, en http://www.clarin.com/diario/2006/09/04/conexiones/t-01265203.htm Última Visita: 11 de Junio de 2007
- “Cada semana se usa algún arma de guerra en delitos comunes”, en: http://www.clarin.com/diario/2006/08/22/policiales/g-04215.htm Última Visita: 11 de Junio de 2007
- Barbano, Rolando: “Los vecinos de la capital se sienten cada vez más inseguros”, en: http://www.clarin.com/diario/2006/07/23/policiales/g-06401.htm Última Visita: 11 de Junio de 2007
- “Entran a un country y asaltan a una mujer dentro de su casa”, en: http://www.clarin.com/diario/2007/06/01/policiales/g-05001.htm Última Visita: 15 de Junio de 2007
[1] Anibal Ford sostiene que siempre se están leyendo índices, pero que su lectura se acentúa en las épocas de crisis: “Intento de reencontrar lo discreto en una realidad opaca y débilmente codificada, y de generar explicaciones adecuadas. Como en los manuales de supervivencia, en la crisis hay que leer más signos que en una etapa normal. Y no, por cierto, de manera directa, sino siguiendo el laberinto de desplazamientos, bricolages, reciclamientos, hibridismos, y también, innovando, generándolos” (Ford, 1994: 80).
[2] Erving Goffman sostiene que el estigma es un atributo que le otorga a la persona que lo lleva, un descrédito por parte de la sociedad en la que se encuentra. Según Goffman, hay tres tipos de estigmas: las deformidades físicas, las deficiencias del carácter y los estigmas tribales (raza, nacionalidad, religión). “En la teoría goffmaniana, el estigma resulta un analizador de la comunicación, en tanto se manifiesta como un desafío a las reglas y escapa, a pesar de él, a la normalización que rige todo intercambio comunicacional” (Martini, 1994: 8).
[3] En http://www.clarin.com/diario/2007/06/01/policiales/g-05001.htm
- Informe realizado junto a Martín D’Alesio y Paola Lucero, durante el mes de Junio de 2007. Comunicación II; Cátedra Martini; Universidad de Buenos Aires, Facultad de Ciencias Sociales, Ciencias de la Comunicación.
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